Otro recital de Fútbol Club Messi
Hace unos días, a Pep Guardiola le preguntaron sobre la influencia que tiene Lionel Messi en el Fútbol Club Barcelona y el de Santpedor comparó su caso con el de los Bulls de Michael Jordan o los Lakers de Kobe Bryant. Air Jordan se hizo famoso, entre otras mil hazañas, por realizar grandiosos partidos estando enfermo. Hasta en eso se le parece La Pulga: fue duda hasta última hora por un flemón que, si bien es cierto que no deja cojo a nadie, el que lo ha sufrido sabe que deja a uno hecho polvo.
Cuando un verdadero crack está en la cresta de la ola, todo parece ponerse de su parte: un regalo de Diogo acabó en los pies de Pedro, cuyo centro encontró a Messi clavado en el sitio indicado. No es un gran rematador de cabeza, pero es muy inteligente: la puso a contrapié y santas pascuas.
La concepción romántica del fútbol implica, por definición, el rechazo de las nuevas tecnologías, de su aplicación práctica. Es decir, no se concibe que una máquina ayude al hombre a decidir. Lo romántico cobra vida con la polémica, la duda, la discordia, y, por tanto, la injusticia permanece como un fenómeno natural. No quiero decir que la introducción de la tecnología sea la panacea de este deporte; no vendría —ni mucho menos— a curar todos sus males. Pero es un recurso que reduciría considerablemente el número de errores arbitrales. 
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