Bremen engrandece la Europa League

Es un segundo plato para los acostumbrados a ganar. Un consuelo para quienes aspiran a cotas más altas. Es la hermana pequeña de la Champions League; la competición a la cual van a parar quienes, con un poco de suerte, terminan la primera fase de ésta en tercera posición. Por norma general, sus partidos no generan ni la mitad de audiencia que su compañera de fatigas. Para muchos aficionados, la Europa League, la antigua Copa de la UEFA, tiene un interés equivalente al que por estos lares tiene la Copa del Rey: mínimo.
Sin embargo, hay días en los que al león le da por enseñar las zarpas y nos obsequia con partidos —perdón, partidazos—, como el vivido en Bremen la noche del jueves, en el que el Valencia, además, firmó su clasificación para los cuartos de final después de un choque que terminó con un espectacular 4-4 y que dejó en la cuneta al Werder Bremen. El protagonista del choque, un David Villa que se echó el equipo a sus espaldas y que anotó tres de los cuatro goles del conjunto valencianista, que junto al Atlético de Madrid, representará nuestra Liga en la cada vez más apasionante Europa League.


Andan en Nervión con la mosca detrás de la oreja. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, muchos dudan de Luis Fabiano, de su nivel de compromiso actual con el Sevilla. El brasileño acaba de salir de una lesión en el pectoral, de la que se ha tratado en Brasil. Pues bien, en el tiempo que anduvo recuperándose la presión no pudo ser mayor.
El fútbol tiene estas cosas: cuando uno acierta, no caben elogios para ensalzarlo, para auparle en el pódium de los héroes, ese tan frágil de desmoronarse como lo que tarda en llegar una actuación desafortunada. Andrés Palop vivió anoche la segunda parte del cuento: la amarga, la triste, la también difícil de olvidar. Acostumbrados los sevillistas a sus manoplas casi insuperables, a sus intervenciones salvadoras, lo de ayer fue como recibir un jarro de agua fría en medio del polo norte. Con una atmósfera europea, con tanto en juego, con tantas y tantas almas esperando el triunfo de su equipo, un extraño en el disparo de un tal Honda 
Nervión volvió a quedarse frío, como el hielo ruso esta vez. Hace dos años, el Fenerbahce turco apeó al Sevilla de la Champions tras derrotarlo en los penaltis. Fue en octavos, igual que el duelo ante el 

