Atleti, ¿qué hay de la Liga?
He llegado a leer que los números del Atlético en esta Liga son muy parecidos a los del año del descenso a Segunda. Sea como fuere, los del Manzanares, esta vez sí, con Quique a la cabeza, están teorizando y ejecutando los movimientos más avanzados en materia de ridícula indiferencia. Ridícula, porque apenas si conocen otros métodos para andar sobre los charcos; indiferencia, la que es y no es, la que aparece y se va, la que marca Forlán y deshace Perea. Más indiferencia, la que desprende el Atleti cada vez que Agüero se queda calentando el banquillo. Ridículo, el hecho de jugar un día sí y otro no, un día con un mediocentro, otro con dos y a veces, como en Santander, con tres. Ante la desesperación, inventos.
Quien escribe del Atleti corre el peligro de parecer absurdo, incoherente e incluso contradictorio. Desde luego, todo ello está justificado, pues es prácticamente lo único que el Atlético plantea con algo de sobriedad, una locura propia que transmite y contagia. Es así hasta en los buenos momentos, como en la ida de su semifinal copera ante el Racing, cuando cuatro goles acabaron empañados por una actuación arbitral polémica. Y El Sardinero fue una prolongación de las protestas racinguistas, que otra vez claman al cielo pidiendo vergüenza y ‘neverazo’ después de sentirse doblemente perjudicados. Hasta su técnico, Portugal, reaccionó y dejó la tranquilidad a un lado: “El arbitro ha estado de puta madre para el Atlético los dos días”. De esta forma, un equipo que sufre perjuicios a menudo es capaz de quedar representado ante todos como un ladrón infame.









