« Sobre el penalti de Totti Portada Frases mundialistas (II) »

27 junio 2006


2002: Ronaldo corona al pentacampeón

Cluje

brazil-2002.jpg
[Con este post concluye nuestra serie sobre las finales de la Copa del Mundo. Esperamos que os haya gustado]

En su loable afán de globalización, la FIFA decidió que el Mundial se disputara en 2002 fuera de su dominio habitual de Europa y América. Además, siguiendo una tendencia que se está imponiendo últimamente, se otorgó por primera vez la organización a dos países, Corea y Japón. El experimento resultó un éxito.

Futbolísticamente, dos tendencias marcaron el campeonato. Por una parte, se pudo comprobar un predominio de las tácticas defensivas, y una utilización generalizada del doble (o incluso triple) pivote en el centro del campo, que había puesto de moda cuatro años antes la Francia triunfadora de Jacquet; ya se sabe que los sistemas ganadores se imponen. Estas estrategias igualaron a los equipos por abajo, primando la destrucción sobre la creación, y trajeron como consecuencia una lluvia de sorpresas. Así, tembló el orden establecido del fútbol con la eliminación en primera ronda de clásicos como Francia (vigente campeón) o Argentina, o la presencia en semifinales de Corea del Sur y Turquía, selecciones sin gran pedigrí futbolístico.

Paradójicamente, sin embargo, la final presentó un inédito choque de trenes entre Alemania y Brasil, las dos selecciones históricamente más laureadas del fútbol europeo y americano, respectivamente. Sin embargo, salvo en momentos puntuales, ninguna de las dos había fascinado con su fútbol. También pocas veces la atención hacia las selecciones finalistas había estado tan focalizada en sus futbolistas estrella, el arquero Oliver Kahn y el delantero Ronaldo. En cierto modo, ambos jugadores simbolizaban los estilos de sus selecciones.

Tomemos, por ejemplo, a la canarinha. El seleccionador Luiz Felipe Scolari, convencido de que la inmensa calidad arriba de los atacantes brasileños debía ser suficiente para resolver la mayoría de los partidos, decidió blindar a la seleçao con tres centrocampistas de brega como Gilberto, Kleberson y Edmilson. El técnico renovó moderadamente el equipo que había salido subcampeón cuatro años antes, con un buen portero (Marcos), dos centrales fuertes y poderosos como Lucio y el discutido Roque Junior y el talento emergente de Ronaldinho por el centro. Seguían en el equipo los estupendos laterales Cafú y Roberto Carlos y la demoledora doble R, Rivaldo y Ronaldo.

La atención mediática estaba concentrada esencialmente en este último. Ronaldo, tras protagonizar en el Barcelona una de las más fulgurantes apariciones en el fútbol moderno, se había visto envuelto en una extraña polémica a raíz de la final del Mundial anterior y había sufrido tres años de inactividad por gravísimas lesiones que hicieron peligrar seriamente su carrera como futbolista. Todo el mundo estaba pendiente del regreso de los infiernos del gran ídolo, y lo que ocurrió forma ya parte de la Historia del fútbol.

logo%20mundial%202002.jpg El festival Ronaldo comenzó en la fase previa, donde Brasil venció a Turquía y apabulló a Costa Rica y China. Tres goles del ídolo resucitado, y diez en total para un equipo brasileño que transmitía mejores vibraciones que en Francia y se mostraba mucho más sólido y creativo. Los automatismos, algo de lo que llevaba adoleciendo bastante tiempo Brasil, estaban apareciendo, y eso hay que ponerlo en la cuenta del técnico.

Los brasileños vivieron en octavos de final quizá su partido más comprometido de la Copa del Mundo, ante un rival venido a menos como Bélgica, invisible en el concierto internacional desde 1986. El equipo europeo martirizó a Brasil con el poderío de Mpenza, la movilidad de Walem y la sabiduría del capitán Wilmots, y sólo pudo resolver el partido con sus habituales fogonazos de calidad y grandes dosis de suerte. El portero Marcos se erigió en héroe, el árbitro jamaicano Prendergast anuló un gol absolutamente legal de Wilmots, y sólo una media vuelta sensacional de Rivaldo en el ecuador de la segunda puso el partido de cara a los sudamericanos. Rondando ya el final y con los belgas volcados, llegó puntual Ronaldo a su cita con el gol. Había marcado en todos los partidos.

La siguiente ronda deparaba un clásico de fuste: Brasil contra la Inglaterra italianizada del sueco Eriksson. Fue un choque protagonizado de punta a punta por Ronaldinho, en su única actuación estelar hasta el momento en la gran cita. Se adelantó Inglaterra en un grave error del central Lucio, pero Brasil supo remontar el choque con suficiencia, subido a la chepa de sus fantásticos carrileros y, sobre todo, del Gaucho. Primero inventó Dinho un slalom prodigioso que remachó Rivaldo; después clavó una falta lateral que tienta a pensar antes en el genio que en la fortuna; y finalmente se fugó del partido por una agresión estúpida a Mills. La última media hora fue manejada con suficiencia por un Brasil en inferioridad, mientras que Inglaterra demostró su incapacidad para la creación de fútbol ofensivo. Beckham, horrible toda la noche y culpable en parte del primer gol brasileño, cargó ante su país con la culpa de la derrota.

En el último escalón antes de la final esperaba a la seleçao la sorprendente Turquía, semifinalista después de llevar casi cincuenta años sin acudir al máximo torneo (aquel bambino de Roma…). Fue un encuentro espléndido, un momento de esperanza en medio del mar de juego trabado y espeso que había sido la tónica general del campeonato. Partido de ida y vuelta, con los diminutos Bastürk y Emre gobernando por parte otomana, la doble R a todo tren del lado carioca, y los porteros Marcos y Rüstü Recber haciéndose grandes bajo las palos. El estupendo espectáculo, sin embargo, sólo fue coronado con un gol, un remate seco por donde parecía que el balón no podría pasar: el redivivo Ronaldo había colocado a su equipo a las puertas de la gloria.

En el otro lado del ring, la Alemania que entrenaba Rudi Völler era un compendio de todas la virtudes y defectos que han llevado al fútbol germano a ser lo que es: fortaleza física y defensiva, fe en la victoria, escaso toque y calidad, poderío insultante en el juego aéreo, graves problemas en el combinativo. El ex-delantero del Inter había construido su equipo a partir de la fortaleza defensiva que daban los centrales Linke y Metzelder, la capacidad de liderazgo y seguridad de Oliver Kahn, la llegada de su estrella Ballack, la capacidad inventiva de Schneider y destructiva de Frings y Ramelow, y el instinto goleador de Miroslav Klose. Faltaba ese jugador diferente que siempre ha dado el necesario plus de inventiva al fútbol teutón en esos momentos en que la automatización degenera en previsibilidad, pero ese futbolista no existía en ese momento.

El debut de la Mannschaft en la Copa, de todos modos, fue sonado: un 8-0 a Arabia Saudita, con hatrick de Klose incluido. Desde 1982 no se vivía en un Mundial una goleada tan desorbitada. Sin embargo, el resto de la primera fase, ante Irlanda y Camerún, fue más o menos mediocre, con una empate y una victoria ante los africanos en un partido violentísimo. Esta batalla dejó a Alemania en cuadro para afrontar los octavos de final, donde esperaba Paraguay. El partido ante el equipo guaraní -otra muralla- fue horroroso, con dos equipos sin sombra de inventiva poniendo la pelota en el aire una vez tras otra; resolvió Alemania en el último minuto, como lo ha hecho docenas de partidos; centro de Schneider, gol de Neuville.

Los cuartos emparejaron a los alemanes con Estados Unidos, un equipo divertido para el espectador, con un punto anárquico. Los americanos trataban de emular la gesta de 1930, donde fueron semifinalistas, y acababan de eliminar a México, rival ancestral. Estados Unidos puso todo el fútbol, con sensacional partido de Reyna y Donovan, y multitud de ocasiones, todas desbaratadas por un heroico Kahn. Alemania aportó cincuenta mil pelotazos, la mayoría de ellos de Christian Ziege desde la parte izquierda. Y el gol, claro, que lo metió Ballack de cabeza como lo pudo meter cualquiera.

En semifinales aparecía un rival que había superado claramente las expectativas: la anfitriona Corea del Sur. Con el fútbol abnegado que predicaba Guus Hiddink, el apoyo incondicional de su maravillosa afición y escandalosas ayudas arbitrales, Corea había eliminado a dos rivales de tanto peso como Italia y España, y el país entero vivía en una nube. Pero para vencer a Alemania en una semifinal de un Mundial hace falta bastante más que todo esto. Otro partido trabado, sin toque, sin genio, sin nadie que destacase. Una oportunidad para cada equipo: la de Lee la sacó Kahn, y como no podía ser de otra manera, el doble remate de Ballack significó el pase. Alemania, con tres goles en tres partidos, se había plantado al final del camino.

Con este bagaje decepcionante, los europeos comparecieron en Yokohama como víctima propiciatoria de la fantasía brasileira. Sin embargo, y por primera vez desde que comenzase la fase decisiva del Mundial, el equipo alemán se levantó por encima de sus defectos para erigirse en un rival de cuidado para Brasil. Y también para construir una gran final, donde faltó Michael Ballack, sancionado. Quizá su presencia hubiese cambiado el signo del encuentro.

Desde el comienzo del partido se vio que esta Alemania no tenía nada que ver con el patético combinado que había aburrido durante semanas. Los primeros quince minutos los teutones desarmaron el ímpetu de Brasil, echaron la bola al piso y sumaron sus dos primeras ocasiones de gol, que marró Schneider. El pequeño centrocampista del Leverkusen, en un gran comienzo, aportaba el plus creativo que necesitaba el conjunto europeo, mientras el rocoso trivote Hamann-Frings-Jeremies cortocircuitaba a Brasil, ahogando a Rivaldo y separándolo de Ronaldinho. Con los laterales obligados a hacer de tales por la presión de los interiores germanos, Brasil se encontraba extraño sobre el césped japonés, huérfano de fútbol y de balón.

Sin embargo, a pesar de la ausencia de entrejuego, Ronaldo se las arregló para crear sus oportunidades en el primer tiempo. Comenzó desperdiciando un estupendo pase de Ronaldinho, siguió poco feliz en un mano a mano con Kahn, y concluyó el primer tiempo exigiendo aún más al Fussball Gött, que rechazó su envenenada media vuelta despejando con el pie. Enchufados de nuevo a la final por obra y gracia de la pólvora de Ronie y el dinamismo de Kleberson – quizá el único medio brasileño que dio nivel en la primera mitad, reventando incluso el larguero con un poderoso trallazo - los cariocas habían conseguido el equilibrio de fuerzas antes del descanso.

El cuarto de hora de recuperación le vino de perlas a los alemanes, que salieron del vestuario con el cuchillo entre los dientes y el rodillo para ultimar el partido. Fueron quince minutos de acoso que pudieron cambiar el signo de la final, si “San Marcos” no hubiera detenido el testarazo de Jens Jeremies y, sobre todo, el friqui de Neuville que viajó del guante del arquero a la madera.

Era el canto del cisne de los germanos, pues tras unos minutos de impasse, llegó la jugada histórica. Rivaldo lanza un cañonazo envenenado y raso, la pelota escapa unos centímetros de las manos de Oliver Kahn y por allí aparece Ronaldo como una centella para marcar el primero con la frialdad de los superclases. Un gol aparentemente fácil, pero nadie olió la sangre que llevaba impresa ese balón salvo el gran depredador. Y además, lleno de simbolismo: Ronaldo se hacía máximo goleador a la vez que Kahn rompía sus más de 400 minutos de imbatibilidad; el mejor delantero desnudaba al mejor arquero; el ataque vencía a la defensa.

Humillado su símbolo, el equipo de Völler ya no fue el mismo, aunque siguiera percutiendo con esa fe que tan especial hace a esta selección. Sólo bajaron los brazos cuando Ronaldo, siempre él, finalizó una jugada de Kleberson y Rivaldo con un sutil disparo marca de la casa que se alejaba de Kahn mientras buscaba con suave curva el lateral interior de la red. Era el séptimo gol del ariete en el Mundial, hecho inédito en veinticinco años.

Ronaldo se había convertido en el Ave Fénix más inolvidable de la historia del Fútbol, y el penta fue su premio y el de todo Brasil.

ALINEACIONES: Brasil: Marcos, Roberto Carlos, Lucio, Roque Junior, Cafú, Gilberto Silva, Kleberson, Edmilson, Gilberto Silva, Ronaldinho (Juninho m. 85) , Rivaldo y Ronaldo (Denilson m. 90). Alemania: Kahn, Bode (Ziege m. 84), Linke, Metzelder, Ramelow, Jeremies (Asamoah m. 77), Hamann, Schneider, Frings, Klose (Bierhoff m. 74) y Neuville.


Más noticias sobre:  Alemania 2006, Alemania, Brasil, Historia de los Mundiales,
Tags:
Comentarios (5) | Trackback


Comentarios

Bonito mundial por su colorido y por la afición anfitriona, será recordado por ello. Pero también será recordado por los favores arbitrales a Corea del Sur, en especial doloroso para nosotros.

Muy buen analisis, felicidades.

#1 | Escrito por huidos | 27 jun 2006 11:53:50

Corea NUNCA hubiera llegado donde llegó de no ser porque la FIFA lo decidió así.

Pensad: asia, el continente más poblado del mundo (es decir, miles de millones de beneficios -lo único que les preocupa a los mandamases del fútbol- esperando a ser cosechados), el mundial allí, muy guapito y bien presentadito para engancharlos aún más; y por si acaso, que una selección de la zona llegue lo más lejos posible. SEA COMO SEA.

Porque aún más grave que el robo a España (que lo fué, y estoy harto de la excusa de "¡es que había que haberles metido cuatro!", NO, MENTIRA, cuando no te dejan, NO TE DEJAN...y joder, tampoco somos brasil); fué el ATRACO A MANO ARMADA que les hicieron a los italianos en octavos, que deberían haber sido nuestros rivales...

Y este año también está todo manipulado, lo que pasa es que la consigna es totalmente distinta: que vuelva a ser un "gran mundial", es decir que por semifinales no aparezca ninguna selección que no tenga al menos un título en sus vitrinas.

Lo cual es preocupante para España, la verdad...

#2 | El Mac | 27 jun 2006 16:25:25

Brasil fue el menos malo de este Mundial. Saludos.

#3 | Daniel L. | 03 jul 2006 16:16:11

ronaldo ronaldo ronaldo definitivamente el mejor

#4 | Mario Machado | 20 dic 2006 17:31:04

poner mas informacion del futbol en MEXICO

#5 | Nayeli | 02 feb 2007 01:09:10

¡Añade tu comentario!


Noticias relacionadas

26 junio 2008 | Libertadores 2008: una exhibición de Guerrón acerca la Libertadores a LDU
23 junio 2008 | Por fin apareció Cesc
11 mayo 2008 | El fútbol y la guerra fría: Los "Chollima" de Corea del Norte
08 abril 2008 | Didí y la hoja seca
07 abril 2008 | El espíritu de Alf Ramsey

 
Web www.notasdefutbol.com