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17 julio 2007


A ritmo de Tango: Paella y olé en el Bajo Flores

Juan Baeza

Paella

El pasado fin de semana en el Bajo Flores, barrio del Sur de Buenos Aires, había fiesta. En los aledaños del estadio Nueva España más de 2.000 personas degustaban una gigantesca paella. Se podían ver bailes tradicionales españoles y cuando el presidente de la Corporación Buenos Aires Sur y ministro de producción de la Ciudad de Buenos Aires cortó la cinta que atravesaba la puerta principal del club para iniciar el acto festivo, otro más desde el mes de mayo, sonó el himno de España. El estadio lucía bonito, recién pintado, con las gaitas gallegas de fondo. Era una fiesta linda, merecida, un desahogo para muchos. Una bandera española portada por un chaval de no más de veinte años decía, “Abuelo, descansa en paz. Volvimos a casa”. Y olé.

El fútbol a veces regala historias maravillosas. La del extinto Deportivo Español, refundado en el Club Social Deportivo Español, es una de ellas. Cuando el siglo XX atravesaba su ecuador, un poco más allá, por 1956, un grupo de emigrantes españoles de Buenos Aires que jugaban el campeonato “2 de Mayo”, en el que se medían equipos que representaban a diferentes regiones de España, decidieron unir sus fuerzas para crear un club que representara a todos los inmigrantes hispanos de la ciudad. Así 35 amigos iniciaron un 12 de octubre del año anteriormente referido un proyecto que tuvo su mayor etapa de esplendor a finales de los ochenta y principios de los noventa, pero que a finales de siglo se tambaleó de lo lindo. Tras los primeros años, la sede del club y posteriormente su estadio se instauró en el Bajo Flores, un lugar que por esa época estaba prácticamente deshabitado. Gracias al Deportivo Español el barrio tomó vida. Llegaron los autobuses, llegó el comercio… Y llegó el orgullo y la gloria en forma de fútbol algunas décadas después.

Deportivo Español, cuyo escudo tiene la forma de la península ibérica y combina el rojo de la selección española con el azul de la argentina, siempre fue un equipo humilde. Pero en los ochenta y noventa consiguió firmar brillantes campañas en la elite. . En 1984 el Gallego, como popularmente es conocido, regresaba a Primera 16 años después, donde sólo había estadio una temporada. Fueron 14 ejercicios consecutivos los que los españolistas permanecieron con los grandes. En alguno de ellos lucharon incluso por ganar el título. Nunca antes había brillado tanto el barrio del Bajo Flores, donde hoy se encuentra el Nuevo Gasómetro de San Lorenzo. Toda esa etapa triunfal se vivía en el estadio Nueva España, levantado en 1981. Para muchos emigrantes españoles e hijos y nietos de aquellos, el Gallego era más que un club, un símbolo de unión, un sentimiento que sólo les pertenecía a ellos, que les diferenciaba del resto.

Pero a finales de los noventa todo se trunca. La mala gestión de la dirigencia y la presión del juez Juan Roberto Garibotto, que dejó libre a seis de los mejores jugadores del equipo por irregularidad en sus contratos, dejó al Gallego seriamente tocado. Las deudas salían por todas partes y el Club era cerrado y abierto de forma intermitente hasta que con el equipo descendido a Primera B, lo que en España es Segunda B, Garibotto, a pesar de que el 71% de los acreedores estaba en contra, cierra definitivamente el club. Eso ocurría un amargo 30 de junio de 2000. Seguidamente estalló la revolución gallega y una multitud de hinchas se encerró en la sede de la entidad. Se organizaron varias marchas y finalmente el jueves 6 de Julio se dicta una ley, la de Fideicomiso, que sentencia que los bienes de las sociedades civiles sin fines de lucro no se pueden rematar por un plazo de 10 años.

Se consiguió salvar un cierre pero la historia se repitió en 2003. Otro match ball. Los hinchas de nuevo se movilizaron y no dejaron pasar a nadie a la sede del club para que se oficializara el remate. La situación era límite, porque un sentimiento, el mayor símbolo del barrio y de los españoles bonarenses se iba a pique de forma irremediable. En esa tesitura, un grupo de socios decidió refundar el club en quiebra. Nacía el Club Social, Deportivo y Cultural Español de la República Argentina. Y, ¿qué pasaba con el estadio y las instalaciones anexas? Pues una ley impulsada por el entonces diputado porteño Jorge Giorno declaró “de utilidad pública” los bienes e inmuebles del Español para evitar el remate de los mismos. Era una solución de emergencia y mientras tanto el refundado Deportivo Español seguía compitiendo en la Primera B, actuando en otros campos de local.

Dentro de ese marco, hace unos meses los terrenos en los que están ubicados el estadio y la sede del club fueron a subasta por parte del ayuntamiento. Los mismos fueron adquiridas por la Corporación Buenos Aires Sur, presidida por el ministro de producción de Buenos Aires, Enrique Rodríguez, cuya intención fue desde el primer momento devolver su casa al Gallego, además de construir un centro de alto rendimiento y un hotel de lujo para deportistas en el complejo. De ese modo, Deportivo Español, tras cuatro años de amargo peregrinaje por fin volvía a casa.

El 11 de mayo se abría de nuevo el club. El césped del estadio Nueva España superaba el metro. Comenzó un intenso trabajo para en menos de veinte días reabrir el estadio. Colaboraron socios y aficionados, todos a una de forma desinteresada. Había que cambiarle la cara al estadio. El 27 de mayo se reinauguraba, con más de 10.000 seguidores en las gradas, ataviados con banderas españolas, y un espectáculo de bailes regionales hispanos, así como un partidillo de viejas glorias. El gobierno de Buenos Aires, a través de Corporación Buenos Aires Sur, cedía las instalaciones a Deportivo Español para los próximos cinco años, con posibilidad evidentemente de prorrogar esta vinculación. Muchísimos hinchas, la gran mayoría descendientes de aquellos españoles que el siglo pasado dejaron todo atrás para buscar fortuna en la Argentina, respiraban ya un poco más tranquilos. Una bonita historia, con un final feliz, al menos de momento.

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