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14 agosto 2007
Una justísima renovación

No lo conocía nadie. Cuando en agosto de 2005 sonó su nombre para traerlo a Nervión más de uno se echó las manos a la cabeza. Pagar siete millones de euros por un jugador que no marcaba más de diez goles en la Premier y que contaba con 28 años no parecía algo del todo coherente, más si cabe porque ya se habían contratado a dos delanteros de calidad contrastada como Luis Fabiano y Saviola. En cambio, el Sevilla tiró para adelante, alentado por un Juande Ramos que tenía al espigado delantero de nombre Frederique y apellido Kanouté como uno de sus jugadores fetiche. Era la única petición expresa del manchego y se le concedió el deseo.
Kanouté no tardó en agradar. En el partido de presentación, con menos de diez días en Sevilla, saltó al campo en la segunda mitad, dio dos asistencias y marcó un gol. Sin embargo, no arrancó en la faceta goleadora con suerte. En la segunda jornada fallaba un penalti y poco más tarde erraba un gol clarísimo en Bilbao. A pesar de todo, sus buenas maneras, su sacrificio para el equipo, su gran trabajo, continuamente bajando balones y convirtiéndose en la auténtica referencia ofensiva del equipo y su excelente derbi en el Pizjuán, en el que los nervionenses ganaron con uno menos desde el primer periodo, le dieron crédito ilimitado. Con la entrada de 2006 los goles fueron cayendo y las aportaciones del malí eran cada vez más decisivas. No tardó en hacerse uno de los ídolos de la afición y en un fijo de Juande.
En la anterior campaña explotó todo su potencial. Hizo goles de todos los tipos. En total firmó 30 dianas, mojó en todas las finales y en la Liga hizo partidos de ensueño. El Pichichi se le escapó porque en las últimas diez jornadas sólo disputó dos, debido a que sus problemas de pubalgia, sin duda su gran hándicap, no le permitían jugar dos partidos por semana y Juande optó por dar prioridad a Copa y UEFA. Aún así acabó firmando 21 goles en Liga, cerrando la campaña con un auténtico partidazo en la final de Copa ante el Getafe, a pesar de que al final fuera expulsado.
Como era de esperar, tras dos temporadas de rendimiento espectacular, sobre todo esta última, el gigante malí pidió una mejora en su contrato, más que nada porque los cantos de sirena procedentes de Inglaterra y sus 30 años le pedían una estabilidad. 44 goles en dos temporadas eran sus credenciales a la hora de negociar. Ha sido un largo y duro tira y afloja, con declaraciones llenas de tensión. Kanouté llegó a poner en duda su continuidad y Del Nido le envió un mensaje contundente. Su representante, con frecuentes declaraciones en las que cada día decía algo nuevo tampoco ayudaba mucho. Finalmente, esta rocambolesca historia tuvo final feliz y ayer se consumó la ampliación de su contrato hasta 2010, con la consecuente mejora en la ficha.
Es una buena noticia para el jugador, que se lo merecía, como para el club, que ha encontrado en este exquisito futbolista, de gran calidad y variados recursos técnicos a pesar de su envergadura, a un delantero contundente y eficaz que se echaba de menos desde la marcha de Davor Suker. Un delantero que recuerda al Tony Polster de los mejores tiempos, al jugador que se tira a las bandas para abrir espacios, que baja todo lo que le echen, que aguanta el cuero cuando se le pide, que es letal en los metros finales. Un futbolista de calidad, prácticamente único, porque pocos futbolistas con 1,94 tienen su velocidad y agilidad. Posiblemente, mantener a Kanouté sea el mejor fichaje del verano.
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