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11 octubre 2007
El Fútbol y la Guerra Fría. Peter Vermes: un americano en la Hungría comunista
En 1977, cuando Peter Vermes tenía once años de edad, su padre lo llevó a ver un partido clasificatorio para el Mundial que iba a disputarse en su ciudad, entre las selecciones de Hungría y la Unión Soviética. Desde la grada, mientras observaba el partido, le comentó a su padre: “Un día voy a jugar en este estadio. Lo haré la selección de Estados Unidos y vamos a jugar contra Hungría”.
Este deseo de enfrentarse a Hungría desde filas norteamericanas respondía a su contexto familiar. Nació en Delran, New Jersey en 1966, de padres húngaros. Su padre, Michael, había sido un jugador profesional durante los años 50 en el Budapest Honvéd FC, pero sus aspiraciones a llegar a la internacionalidad y disputar el Mundial de 1958 con su selección se vieron frustradas por la intervención militar soviética en Hungría en 1956, por la cual Michael tuvo que trasladarse a los Estados Unidos.
Pasados los años, Michael volvía a Hungría con su hijo en verano o en periodos vacacionales, para que el pequeño Peter no olvidara sus raíces. También le inculcó su pasión por el fútbol y el joven Peter empezó a destacar como uno de los jóvenes más prometedores del discreto panorama futbolístico norteamericano de los años 80.
Cuando se encontraba en Lille, disputando un partido clasificatorio con la selección americana para las Olimpiadas de Seúl de 1988, un hombre misterioso se le acercó hablando magiar. Éste se reveló como un agente futbolístico que le daba la oportunidad de conseguir su fichaje por un club importante europeo, previo paso por un equipo húngaro para adaptarse mejor al ritmo del fútbol en el viejo continente.
Peter no se lo pensó dos veces y aceptó la propuesta. El agente resultó tener buenos contactos con el equipo húngaro Győri ETO FC, de la primera división húngara, con el que le consiguió un periodo de prueba. La primera pachanga no pudo ir mejor para el estadounidense: en un partido en el que jugaban los titulares contra los reservas, en la primera parte Vermes anotó el tanto del empate para el equipo reserva. En el descanso, el entrenador lo puso en el equipo de los titulares y de nuevo Vermes marcó, para poner el 2-1 definitivo para el primer equipo.
El club entonces le ofreció inmediatamente un contrato profesional. Tras consultarlo con su padre, Peter aceptó y se convirtió en el primer estadounidense de la historia en jugar en una primera división europea durante un año entero.
Pero no sólo era relevante estar en una primera división europea. El hecho de que por aquel entonces el “telón de acero” seguía en pie dotaba a su presencia en la liga húngara de importantes tintes políticos. Interrogado sobre ello, Vermes afirma no haber tenido ningún problema ni tener recuerdos demasiados significativos de lo que representaba vivir en un país comunista. Admite que para él, que ya conocía perfectamente el país, no era una experiencia demasiado traumática y estaba acostumbrado a ver soldados rusos de arriba abajo y un día incluso un tanque soviético apareció de repente en la calle y se paró en frente de él, antes de proseguir su marcha. Pero tiene recuerdos mucho más significativos de las costumbres típicas húngaras, como “allá donde vas a comer, hay violines tocando”.
El tanque se dirigía a contener una manifestación en contra de la presencia soviética en el país. Según Vermes, cuando confirmó su fichaje con el Volendam holandés, se fue con la sensación de el país se independizaría totalmente y se abriría un proceso democrático justo después de su marcha. Los vientos de cambio ya eran evidentes.
El 20 de marzo de 1990 Hungría disputaba un partido contra Estados Unidos en el mismo estadio donde Peter había predicho ante su padre que jugaría defendiendo la camiseta americana. Sobre el césped, cómo no, estaba Peter Vermes. Fue el gol más importante de la carrera de Peter, aunque el partido acabara 2-0 para los húngaros.
“Creo que para mi padre fue como cerrar un círculo. Fue un jugador profesional en Hungría y tuvo que escapar, cortando su carrera como futbolista. Y allí estaba yo, su hijo, jugando en Hungría, el país para el que él quería jugar y que probablemente lo hubiera logrado si se hubiese quedado allí”.
Vía | David Keyes en Culture of soccer
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Tags: Estados Unidos, futbol y guerra fria, Hungría
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