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20 noviembre 2007
En memoria de Tita Mattiussi

Ayer tuve la suerte de ver en ‘Fiebre Maldini’, una delicia de programa para los amantes del fútbol internacional, un bonito reportaje sobre el ‘Chango’ Cárdenas y su inolvidable gol en Montevideo que dio la Intercontinental a Racing de Avellaneda en 1967, a ese equipo que dirigía José Pizzuti, que muchos dicen que fue de los mejores que se han visto nunca en Argentina y que de hecho estuvo 39 encuentros sin perder, marca que sólo pudo batirse entrado ya el siglo XXI.
Disfrute con el reportaje, seguramente emitido para conmemorar el XL aniversario de aquella gesta, viendo a Cárdenas pasear por el Cilindro, recordar sus tiempos de futbolista, aquel equipazo que formaban Cejas, Basile, Perfumo, Martín, Chabay, Rulli, Cardozo, el Bocha Maschio, el mencionado Cárdenas, Rodríguez y Raffo. Fue un equipo de leyenda que de la mano de José revolucionó el fútbol del momento en Sudamérica. Dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Pues se da la circunstancia que detrás de esta escuadra, posiblemente la mejor que jamás tuvo Racing, con permiso de Omar Corbatta y sus coetáneos, también tuvo una dama inmensa en la retaguardia. Se llamaba Margarita.
Todo comienza en 1915. César Mattiussi era uno de tantos italianos que probaba fortuna en aquel fecundo país argentino. Su mujer Ida le acompañó en la aventura. Al poco de llegar vieron un anuncio en el diario La Prensa. Se ofertaba un empleo para cuidar el campo del por aquel entonces mejor equipo nacional, conocido por La Academia por el juego preciosista que estilaba. Hablamos de Racing. César consiguió el trabajo y trasladó su vida y domicilio al antiguo campo de tablones académico. En 1919 nació su hija Margarita. Tita, cómo así la llamaban, ayudaba desde chica a su madre en la lavandería del club. Lavaba las camisetas y equipamientos de los jugadores. Mamó fútbol y Racing desde el principio y al final acabó convirtiéndose parte de aquel lugar. Porque Tita nunca se fue. Vivía con sus padres bajo una de las tribunas del estadio. Con el tiempo se convirtió en la madrina de todos los futbolistas llegados del interior que se hospedaban en la pensión de Racing que ella misma controlaba. Los chavales la veían como a la madre que tenían a miles de kilómetros. Y a Tita eso le gustaba. De hecho, cuando se hizo el nuevo campo, el Cilindro, le llegaron a ofrecer un apartamento nuevo en Avellaneda. Se negó. Había nacido en la cancha de Racing y estaba dispuesta a pasar el resto de sus días en el mismo sitio.
Tita cocinaba para los jugadores, les hacía mate, los mimaba. Recuerda el gran Roberto Perfumo, la pareja de Basile en la zaga de ese equipo que dio la primera Intercontinental a Argentina, que “siempre servía a todos de apoyo con sus charlas”, señalando además que “fue alguien que mereció más de lo que tuvo e hizo más por el club que muchos dirigentes”. Pero realmente no fue una desdichada porque todo el amor que entregaba tenía recompensa. Tal era el cariño que los futbolistas profesaban por Tita, que cuando aquel Racing campeón se dispuso a afrontar la Intercontinental, la plantilla acordó de forma unánime pagarle a su protectora el billete de avión a Glasgow , donde se jugaba el primer partido ante el Celtic, y correr con todos los gastos de su estancia en la ciudad escocesa. A nadie le sorprendió. Tita era una más. Entraba en el vestuario, trataba a todos los futbolistas de igual a igual. Era en definitiva la mujer que alentaba, comprendía y escuchaba a esos hombres llamados al éxito. Y viajó a Escocia, coincidiendo en el avión según cuentan las crónicas de la época con Sean Connery, con el que más mal que bien intercambió unas palabras y le adelantó que el título no se quedaría en Escocia.
En Glasgow no todo fue conforme lo esperado. Racing perdió, pero luego logró forzar un partido de desempate en el Cilindro, que se disputó en Montevideo, en el estadio Centenario, donde por supuesto estaba Tita disfrutando de la victoria gracias a Cardenas. Con el tiempo Tita Mattiussi se convirtió en un símbolo, en un icono de fidelidad a unos colores. Lloró en los años ochenta con el traumático descenso, volvió a sonreír cuando Racing regresó a Primera de la mano de uno de los chicos que más quiso, el Coco Basile. Gritó cuando en 1988 ganó la extinta Supercopa y cerró los ojos para siempre en 1999 poco después de que llegara aquella catastrófica frase pronunciada por la sindico Liliana Ripoll, que aseguraba que Racing Club Asociación Civil había dejado de existir”. Quizás fue esa frase la que la mató. Jugadores del actual plantel como Bastia fueron sus últimos cachorros y todavía hoy se emocionan cuando hablan de ella. El funeral de Tita resultó todo un acontecimiento. Futbolistas de todas las décadas acudieron a rendirle respeto y pleitesía.
Los homenajes a Tita también llegaron de los aficionados. La grandeza de Racing se mide por su gente. Pocas hinchadas tienen la fuerza de adquirir unos terrenos y acondicionarlos para que las divisiones inferiores del Club tuvieran un sitio en el que entrenarse y jugar sus partidos locales. Este complejo deportivo se abrió aproximadamente un año después de la muerte de Tita y fue bautizado con su nombre. El día de su inauguración una bandera en la entrada contenía en cuatro palabras un auténtico sentimiento: “Y Tita siempre está”. Quería recordarla con este post, porque ella fue tan campeona como el ‘Chango Cárdenas’ y el resto de sus compañeros.
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Tags: Racing Club, Tita Mattiussi
Comentarios (1)
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Comentarios
preciosa la historia, de verdad, como casi todas las que rodean a racing.
tuve la suerte de conocer (de forma totalmente casual) a maschio en la cancha y pudimos hablar un poquito de aquella mítica copa del 67.
muchas gracias por el post.
#1 | Escrito por chimoeneas | 21 nov 2007 14:52:55
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