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22 noviembre 2007
Luis Fabiano evita otro Maracanazo

El fantasma del Maracanazo sobrevoló ayer São Paulo cuando un rejuvenecido Sebastián Abreu adelantaba a los uruguayos ante Brasil en su propia cancha. Pero no era el gol lo peor para la canarinha, sino el absoluto baño que los celestes le estaban dando a Brasil, creando una ocasión tras otra sólo marradas gracias a la actuación del guardameta y a imprecisiones en la definición, que hubiera dado al traste definitivamente con un Brasil muy voluntarioso pero con poca imaginación. Jamás pensé que pudiera ver a Brasil sin imaginación.
Uruguay salió con las ideas muy claras, muy inspirado y con la lección táctica bien aprendida: cada vez que Ronaldinho, Robinho o Kaká recibían el balón, tenían encima a dos charrúas que no les dejaban pensar. Ante esta presión, sólo el milanista parecía conocer la fórmula del desmarque y protagonizó las mejores jugadas de su selección, confirmándose una vez más como el gran astro que es. Una vez que los celestes robaban la pelota, la movían perfectamente y superaban con pases precisos la oposición de la medular canarinha, hasta llegar a las inmediaciones de Júlio César.
Dunga se desesperaba en el banquillo. Antes del encuentro sus jugadores eran todo pasión y voluntad. Kaká los reunió a todos sobre el césped, formando un círculo y arengando a los suyos como el líder natural que es. Desde el pitido inicial, la presión y el buen hacer de Uruguay estaban dando al traste con su planteamiento. El cuestionado técnico fue ayer el mayor beneficiado de la inesperada remontada – inesperada a tenor de cómo se estaba desarrollando el encuentro-. Suya fue la decisión de poner a Luis Fabiano de titular, que había sido incluido en la convocatoria por la baja de Afonso, en detrimento de Vágner Love. El sevillista no decepcionó a su antigua afición del Morumbi y fue el autor de los dos tantos que certificaron la victoria brasileña.
Tampoco le tembló el pulso a Dunga cuanto tuvo que sacar del campo a un desacertado Ronaldinho. Eso sí, sólo cuando Brasil ya estaba por delante, y para cambiarlo por un centrocampista de corte defensivo como Josué. La entrada de Josué dio más consistencia a la medular local y aumentó la posesión, pero Uruguay seguía dominando y creando ocasiones de gol. Los celestes desperdiciaron la ocasión de permanecer invictos ante Brasil- llevaban ocho años sin perder ante el pentacampeão – y de dejarlo fuera momentáneamente de los puestos que dan la clasificación para el Mundial de Sudáfrica.
El olfato de Luis Fabiano y la pasión de los brasileños salvaron a Dunga de los abucheos. El seleccionador está intentando imprimir en el equipo del jogo bonito el mismo equilibrio y carácter que él aportaba a la Seleção de los Romário, Bebeto y compañía. Sus ideas están claras, pero los jugadores parece que no acaban de dibujarla sobre el campo. Los resultados, por ahora, le están siendo favorables, pero a veces tal y como sucedió ayer, Brasil juega demasiado con fuego. El haber ganado al mejor Uruguay que he visto en los últimos años habla de su indiscutible potencial. Pero la desidia y falta de concentración de algunos jugadores sobre el campo puede causarles algún mal trago. Dunga tiene tiempo para acabar de perfilar su peculiar engranaje.
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