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10 diciembre 2007
El suntuoso Luis Fabiano y el paciente Monchi

Simplemente es un jugador especial. Algunos dicen que es lo más parecido a un torero vestido de corto, capaz de levantar al tendido con destellos sólo al alcance de los privilegiados, capaz también de sacar de los nervios al respetable y arrancar los pitos de las plateas por su malentendida parsimonia. Él es así, nunca pasa indiferente para bien o para mal, aunque todo el que le ha visto alguna vez reconoce que se trata de un artista, un iluminado que cuando le da por dibujar traza bellas formas siempre repletas de sentido. Ahora sonríe. Ayer le hizo dos al Murcia, suma diez goles, es Pichichi y lidera a un Sevilla que necesita de él para salir del embrollo en el que se ha metido en Liga en los últimos meses. Luis Fabiano rutila como en sus mejores tiempos en Brasil, cuando ponía en píe a Morumbí goleando de todas las maneras habidas y por haber. Pero no siempre fue así, hubo épocas de aspectos sombríos y caras lúgubres que no están demasiado lejos en el tiempo. Épocas en las que portaba un semblante tristón, en las que parecía que le costaba articular dos pasos, en las que sólo sabía decir que quería regresar a casa donde la gente sí le quería.
Seguramente era una cuestión de cariño. Luis Fabiano es un futbolista con una psicología complicada. Sabemos que en el fútbol todo depende de los estados de ánimo, pero resulta complicado encontrarse con un jugador al que le afecten de tal modo las circunstancias que le rodean. A este virtuoso del gol le costaba asimilar su cambio de rol al otro lado del océano. En Brasil era Dios y en cambio sus saltos a Europa antes de llegar a Nervión suponían estrepitosos fracasos. En Oporto el secuestro de su madre contribuyó a que no diera una a derechas. Su fichaje por el Sevilla se planteaba como una nueva oportunidad que desde el principio no afrontó con confianza. Y por eso las cosas comenzaron mal. Sí, se le veían maneras, hacía de vez en cuando buenos partidos pero mostraba su calidad sólo a cuentagotas. Juande le ponía en los choques especiales, pero las estadísticas indicaban sin lugar a dudas que era el tercer delantero del equipo. En pleno mercado invernal tuvo su primera pataleta. Se quería ir, no soportaba el papel secundario que se le otorgaba. Pero ahí apareció Ramón Rodríguez Verdejo, más conocido como Monchi. El de San Fernando fue su principal valedor y siempre confió en él. Le animó a que siguiera caminando, le aseguró plena confianza y éste respondió con un testarazo incontestable en la primera final de la UEFA. Ese fue el comienzo de una escalada que ha culminado en nuestros días.
Llegó el verano de 2006 y al Sevilla se le presentaba el dilema de elegir entre Saviola y Luis Fabiano. Lo lógico, lo fácil, hubiera sido escoger al argentino con mucha mejor prensa y más arraigo en la afición. Pero la dirección deportiva apostó por Luis. Monchi se la jugaba con todas las consecuencias con una decisión a priori impopular. En la campaña pasada cuajó una primera vuelta más que aceptable, pero las piñas con Diogo y la posterior sanción de cinco partidos le frenaron en seco. Otra vez le vino la depresión y estuvo ‘out’ hasta que allá por el mes de abril le dio por hacer lo que mejor sabe: jugar. Realizó auténticos partidazos, exhibiciones toreras como ante el Athletic que le terminaron por consolidar en las gradas del Sánchez Pizjuán. Su explosión se percibía cercana, después de dos años se le veía plenamente adaptado y en esta campaña la está rompiendo de manera espectacular. Sorprende incluso a los que más le apoyaron cuando el viento no soplaba a favor. Lleva 17 goles entre todas las competiciones y en Liga ya ha alcanzado la decena, los mismos que hizo en el anterior ejercicio.
Luis Fabiano está bordando la perfección. Es un alquimista del ataque que cuando tiene la cabeza en orden ingenia maravillosas obras de arte. Sin ir más lejos ayer lo hizo absolutamente todo de forma excelsa. El Sevilla no es que hiciera un partidazo pero él marcó las diferencias. Sus magistrales giros, reversos de 180º con el balón siempre pegado a la bota, rompieron las cinturas de los defensas una y otra vez y su contribución no se redujo sólo a enviar el cuero al fondo de las mallas. Cada día se parece más a Kanouté. Se parte la cara en cada balón largo para pincharlo al suelo, presiona, entra con todo en los cruces, baja en los saques de esquina a defender… Aptitud siempre tuvo, pero ahora rebosa actitud y eso en el fútbol es clave para triunfar. Ante el Murcia dio un auténtico recital, yaciendo de sus botas una andanada de ataques de un equipo que se movía en base a los antojos de ese ariete que incluso da la sensación de ser rápido, a pesar de que siempre parece fatigado. Luis Fabiano es todo clase y ahora mismo simboliza el clavo al que se tiene que agarrar este Sevilla para superar la desagradable zona de turbulencias que está atravesando. Y mientras tanto Monchi sonríe porque fue él quien sacó la cara por esas dos piernas que ahora no cesan de bailar samba.
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Comentarios (5)
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Comentarios
Creo que el trabajo de Monchi es intachable. Ha conseguido hacer un buen proyecto deportivo a medio plazo. Ha sido el gran triunfador desde la sombra: conseguir buenos jugadores por poco dinero, y actualmente, revalorizados al alza.
Luis Fabiano me parece un jugador bastante vertical, estilo que usa mucho el equipo sevillano como con Kanuté.
El día que el mister consiga engranar todas las piezas de esta maquinaria de nuevo, podemos encontrarnos con el tandem más peligroso en Europa.
#1 | Escrito por alotroladodelbanquillo | 10 dic 2007 17:24:19
Magnífico post. Soberbia manera de escribirlo. De verdad, buenísimo.
#2 | Escrito por Erik Bretos | 10 dic 2007 21:45:04
Vaya ladrillo.
#3 | Escrito por Dr. House MD | 10 dic 2007 21:57:51
[...] No hay palabras para definir el estado de gracia en el que se encuentra el delantero paulista. Le sale todo. Enchufó la primera que tuvo, pero es que además de nuevo dio un concierto de estupendos giros ante defensas impotentes y colaboró a engrosar la cuenta con un toque de primeras a Kanouté, después de una enorme jugada de Capel, para que el malí hiciera el 0-2. El Sevilla continuó gustándose, pintando fino en un lienzo con toda clase de tonalidades alegres para que todo acabara en un 0-3 colorista y cautivador. Porque este Sevilla cuando quiere seduce y enamora. Seduce Luis Fabiano, que convierte en oro todo lo que toca. Seduce Capel, que corre la banda con un estilo atípico pero bombea al área balones con certero marchamo de gol. Seduce Maresca, al que se le ve una agudeza mental que se le echaba de menos. Seduce Kanouté con su fútbol primoroso y a la vez solidario… No seduce tanto, en cambio, su defensa, que ayer no obstante estuvo bastante correcta y en la que Mosquera poco a poco se va consolidando. [...]
#4 | Escrito por Cuando quiere deleita y no tiene topes | 13 dic 2007 14:06:36
Habeis relfejado en el post el verdader sentir hacía Luis Fabiano. hasta este año no he mepezado a estimarlo porque es que sus fallos a goles medio colados son imperdonables. Por fin este año ha aprendido que gol es meterla en la red no dar a muñeco (aunke sigue ekivocandose)
#5 | Escrito por NIPO | 15 dic 2007 01:15:32
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