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31 diciembre 2007


Fútbol con foie: Cuando "les verts" fueron grandes

Enrique Vaquerizo

Saint etienne

Entre las pequeñas historias que han contribuido a tejer el tapiz del fútbol europeo, mucha gente desconoce la epopeya del Saint Etienne. Situado en una pequeña ciudad de la cuenca minera del Loire, hoy es un equipo intrascendente en la liga francesa. Sin embargo, durante un periodo comprendido entre la década de los 60 y principios de los 80, sus aficionados tuvieron el privilegio de disfrutar de uno de los mejores equipos de la historia del fútbol francés. El primero capaz de ser competitivo en Europa, y con un concepto de juego alegre que bebía directamente del fútbol total del Ajax de principios de los 70.

El Saint Etienne comenzó a cimentar su gloria a mediados de los años sesenta. La posguerra había dejado un fútbol francés prácticamente destruido. Atrás, quedaban los años de dominio de un fugaz Stade de Reims. En aquellos años, aparecen dos personajes como claves en la historia del equipo: el presidente Roger Rocher, que con su gran longevidad en el cargo, cerca de veinte años, vivió por completo la época dorada del club; y Albert Batteux, entrenador responsable del gran Stade de Reims de finales de los cincuenta. Con él, el equipo consiguió cuatro títulos de liga consecutivos, gesta inédita hasta aquel momento en el fútbol francés. “Les verts” ejercían una férrea tiranía en Francia y comenzaban a calibrar sus fuerzas en Europa (por dos veces el Benfica de un imperial Eusebio les cerró el paso a las primeras de cambio).

El año 1970 aparece como clave en la evolución del club, la primera camada gloriosa de jugadores va desapareciendo. El mismo Batteux deja el equipo, anticipando el final de un ciclo. Lo sustituiría el capitán del equipo, Roger Herbin, que se convertiría a la postre en el mejor entrenador de su historia. Se inauguraba la edad dorada del club y los aficionados del Geoffroy-Guichard se preparaban para disfrutar.

Junto a Herbin comenzaban a juntarse un ramillete de jugadores sencillamente excepcionales, a los Larqué, Béréta o Farison, supervivientes de la gloriosa etapa anterior, se unían las joyas de una cantera cuyo buen trabajo comenzaba a dar sus frutos: Santini, Répellini, o el genial extremo derecho Dominique Rocheteau. Junto a ellos dos foráneos de altura, Oswaldo Piazza autentico mariscal de aquella defensa y por cuya sala de máquinas fluía el juego de “les verts”, y Curcovik, uno de los mejores guardametas europeos del momento. Los resultados no tardan en llegar, en 1973 consiguen el primer doblete de su historia, practicando un fútbol rápido, atrevido y basado en la posesión del balón. Al año siguiente se repetiría el doblete.

La marea verde asolaba Francia a su antojo y comenzaba a asombrar en Europa, y con ella un país que por primera vez en décadas recuperaba su estima dentro del fútbol europeo. Sin embargo, tras unos partidos magistrales en Europa, como una remontada de un 4-1 en contra frente al Hadjuk Split, toparon con la realidad de las jerarquías europeas de las década de los setenta. En semifinales les esperaba el Bayern de Beckenbauer, Maier, Muller y Hoeness. Sueño roto y a volver a intentarlo.

El año siguiente, el Saint Etienne, con un Rocheteau magistral, se paseó literalmente por la Copa de Europa, eliminando incluso al todopoderoso PSV de la época. En la final les esperaba de nuevo el coco. La sola mención de los nombres de Muller y Beckenbauer provocaba el miedo y el silencio por las calles de la ciudad.

El 12 de Mayo de 1976 el club tenía en Glasgow la cita más importante de su historia, y al país entero estaba en vilo. Con un Rocheteau mermado por una lesión en la rodilla, el equipo no renunció a su valiente estilo de juego y encerró al león bávaro en su área. Las imágenes de la época muestran a todo un Beckenbauer con cara de desesperación achicando pelotas de su área. Hasta tres balones estrelló el Saint Etienne en la madera tras una salida en tromba. Sin embargo, la pegada y experiencia de los alemanes resultaron ser cruciales, y tras una polémica falta de Piazza, llegaba el gol de Roth. La tercera Copa de Europa consecutiva se marchaba para Munich.

Aquello, aunque se logró tercer doblete histórico, supondría el final de aquel equipo legendario. Pese a todo aún tendrían tiempo en Geoffroy-Guichard a disfrutar, a partir de 1979, de un chico llamado Michel Platini, que comenzaba a despuntar y daría una liga más al equipo.

A partir de ahí el vacío. Los 80 y los 90 vinieron marcados por la mediocridad. Hoy el Saint Etienne vegeta en mitad de la tabla del campeonato francés. Mientras, entre los muros del Geoffroy-Guichard, aún perduran los quiebros de Rocheteau, la inteligencia de Santini o las paradas de Curcovik. Los aficionados nostálgicos añoran un tiempo en que “les verts” fueron grandes.

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Comentarios (1) | Trackback


Comentarios

Entrañable… esto demuestra que equipos que salen de la mediocridad siempre vuelven a esta… y esto no va por el sevilla…

#1 | Escrito por Javi Pérez | 31 dic 2007 17:18:09

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