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08 enero 2008
Victor Fernández y los fuegos artificiales
El pasado domingo el Zaragoza jugó muy bien al fútbol en el Bernabeu, en numerosos momentos hasta bailó al Real Madrid. Sin embargo, acabó perdiendo y abandonó el Bernabéu roto por la impotencia. Buena parte de culpa pudo tenerla la pegada de los blancos, la otra sin duda Casillas. El Real Madrid cada vez se parece más a esos pistoleros de las películas de vaqueros, que contemplan impávidos como el adversario realiza mil florituras con el revólver y acaban dejándolo seco de un solo disparo, para seguir su camino tras soplar el humo. Pero no analizaremos aquí al Madrid, sino al Zaragoza y más concretamente a Víctor Fernández. Reconozco que Víctor es una de mis debilidades, maneja un discurso sensato y coherente, tiene un gusto futbolístico exquisito, no se esconde tras el burladero de los tópicos y anda lejos de esos entrenadores agigantados por la soberbia, que adoctrinan a la prensa teniendo la mitad de currículo que él.
Los equipos de Víctor Fernández han proporcionado algunos de los momentos más plásticos del fútbol español. Sin embargo, jamás vi un torrente de fútbol estético tan grande con menor contundencia. Sus equipos son puro fuego de artificio, captan tu atención, te dejan con la boca abierta, y cuando más emocionado estás, de repente se disuelven en cenizas. Toque en corto en el centro del campo, laterales que suben con alegría, triangulaciones, desmarques… Todo eso te ofrece su fútbol (siempre me he identificado con sus proyectos y he deseado fervientemente que llegasen a lo máximo), pero casi siempre adolecen de una falta de vigor competitivo imperdonable.
Tan sólo aquel Zaragoza maravilloso que ganó la Recopa, con aquel zapatazo salvador de Nayím, consiguieron ahuyentar los fantasmas del fatalismo, esos que han acompañado a Víctor durante su carrera. Más tarde, aquel equipo acabaría mermado por su inocencia. Un cordero entre los cada vez más abundantes lobos de la liga, en la segunda mitad de los noventa, cuando empezaban a llegar inventos tan divertidos como el doble pivote o el único delantero.
Víctor, tras un breve paso por el Tenerife, llegó aún con el prestigio intacto al Celta. Allí armó un proyecto aún más cercano de la perfección de su ideario futbolístico. No se ha valorado suficientemente aquel equipo, pero en mi opinión, desde el Dream Team ningún equipo ha jugado en España como él. Partidos como el 4-0 a la Juventus, el 7-0 al Benfica, o un par de exhibiciones en el Bernabéu, han quedado marcados a fuego en mi memoria como el ejemplo perfecto de fútbol total.
Mostovoi, Mazinho o Karpin rozaban la perfección. Recuerdo las palabras de un tal Boban cuando, tras dos meses cedido en aquel equipo, pidió su vuelta a Italia aduciendo que aquel equipazo realmente no lo necesitaba. Sin embargo, la etapa más gloriosa del fútbol celtiña resultó frustrante en cuanto a títulos. Cuando le llegó el momento de la verdad en la final de Copa, le temblaron las piernas ante, irónicamente, un Zaragoza mediocre que lo desguazó sin contemplaciones con sólo el oficio y la seriedad como armas.
A partir de ahí, Víctor experimentó su particular descenso a los infiernos. Fracasó en el Betis, fracasó en un Oporto que pasó en dos meses de dominar Europa a perder incluso el respeto que infundía en la liga portuguesa. Zaragoza parecía el lugar perfecto para volver por sus fueros: retorno a la tierra prometida, identificación sentimental y futbolística con club y afición, sintonía con su jefe inmediato, Pardeza, otro sibarita del fútbol. Desde que ha vuelto, Víctor ha gozado de paciencia y carta blanca, para fichar lo que ha querido. El tipo de jugadores talentosos necesarios para su estilo de fútbol: Aimar, D’Alessandro, Oliveira… Parecía que el equipo lo tenía todo para volver a estar entre los grandes, pero la irregularidad y falta de contundencia lastran aun equipo que alterna momentos sublimes con ausencias imperdonables.
El crédito comienza a acabársele a Víctor en su casa (esperemos por el bien de los que nos gusta el buen fútbol que este Zaragoza logre alcanzar el nivel que se le supone). Tiene lo más importante, una idea y mimbres adecuados para plasmarla en el campo. Entre la belleza y el pragmatismo debe haber un punto de equilibrio que salve a un Víctor (al que cada vez se le va poniendo más cara de Juanma Lillo), de ver a sus equipos convertidos en simple pirotecnia.
En NdF |Victor Fernández vuelve a Zaragoza
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Comentarios (2)
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Comentarios
Hombre…yo creo que eres demasiado extremista con el bueno de Víctor. Cuando sus equipos han contado con goleadores en forma, por ejemplo el año pasado con Diego Milito, ha logrado cosas. El problema de sus equipos suele ser el gol, y eso se soluciona con gente que los meta.
Y luego, acusarle del descalabro de un Porto que había perdido a Carvalho, Paulo Ferreira, Deco, Maniche(de este no estoy seguro)…creo que no es justo con él. A parte, que cogió el equipo con la temporada ya empezada, y no pudo hace más.
#1 | Escrito por jugondejugones | 08 ene 2008 14:30:10
a mi también me parces excesivamente duro con el.
me gustaría saber lo q hubiera sido capaz de hacer con el madrid cundo ser rumoreo q seria su entrenador.
#2 | Escrito por AnT | 08 ene 2008 16:15:58
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