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19 febrero 2008


Allan Simonsen, erase un pequeño demonio a la cal pegado

Enrique Vaquerizo

simonsenSiguiendo con la entrada sobre Belanov y la serie de post dedicada a los balones de oro, que pese a ser grandes jugadores han llegado hasta nuestros días con su recuerdo cubierto de musgo, hablaremos esta semana de Allan Simonsen. Un diminuto y genial danés que creció y asombró a Europa junto a un equipo que alcanzaría momentos sublimes, el Borussia Mönchengladbach. En el recuerdo quedará como el primer exponente de un pequeño país que ha regalado al fútbol nombres como los hermanos Laudrup, Smeichel u Olsen. Sin duda, un gran jugador.

Su nombre y procedencia evocan irremediablemente a uno de esos tanques que pueblan el ataque de los equipos nórdicos, capaces de aguantar el balón de espaldas, frente a un toro, y rematar un yunque. Nada más lejos de la realidad, Simonsen apenas levantaba 1,65 metros del suelo, piernas cortas e ingenio descomunal, esos eran los factores distintivos de este pequeño y escurridizo extremo .

Empezaría a romper cinturas en el modesto Vejle danés, pero pronto la intercesión de uno de los ilustres emigrados daneses en la Bundesliga, Henning Jensen, haría que los responsables del Borussia Mönchengladbach se fijasen en él. Simonsen aterrizaría en el equipo en el momento adecuado. Los setenta constituyen la eclosión por excelencia del fútbol alemán. Las gestas de Beckenbauer y Müller, con el Bayern de Munich y la selección, fueron secundadas por otros equipos memorables como el Hamburgo o el propio Mönchengladbach. Empezaba a construirse el mito teutón que un día acuñase Lineker en la célebre frase: “el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los alemanes”.

En el Borussia, un solista de la categoría de Simonsen encontró por fin bajo, bateria y teclados de nivel para acompañarle. Stielike, Netzer o Heynckes, palabras mayores en la historia del fútbol europeo. En su haber dos copas de la UEFA y el antecedente del extremo vertical y habilidoso que tanto se pondría de moda en los ochenta. En 1977 se alzaba merecidamente con el Balón de Oro por delante de dos mitos como Keegan (que hacía historia en otro equipo alemán como el Hamburgo), y Michel Platini.

La habilidad de Núñez para fichar a los cracks más rutilantes, trasladaban las fintas del pequeño danés al Camp Nou en 1979. Junto a él, Krankl, Quini, el Lobo Carrasco o Schuster. Simonsen fue de inmediato recibido como un auténtico ídolo por la afición barcelonista que lo bautizó como “Simonet”. Su juego pegado a la cal encandiló al Camp Nou, acostumbrado a salivar cuando veía un extremo de enjundia. Su periplo como barcelonista fue agridulce, consiguió la Recopa del 82 pero en la liga se encontró por dos años consecutivos con la mejor Real Sociedad de la historia y la figura imponente de Arconada. Apenas tres años después de su llegada, Simonsen dejaba paso al nuevo capricho de Núñez, un chaval procedente de un arrabal de Buenos Aires que había convulsionado la liga argentina, Diego Armando Maradona.

La carrera del genio danés iniciaba ya su ocaso. Paso efímero por el Charlton y vuelta al hogar con el Vejle. Aún tendría tiempo de ser conservado como reliquia, en una nueva y poderosa generación que surgía de las brumas de Copenhague. La dinamita roja asombraba al mundo, y un imberbe Michael Laudrup, tenía el privilegio de ver correr pegado a la cal a la historia viva del fútbol danés.

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Comentarios

"schmeichel" quedaría mejor

#1 | Escrito por Jk11 | 19 feb 2008 17:10:44

[...] En la nómina de aquel equipo tres jugadores que han dejado huella en el fútbol español en general y en el Real Madrid en particular. Jupp Heynckes, era el extremo izquierda y líder espiritual de aquel equipo, todo potencia y habilidad. Netzer constituía la calidad anárquica de esos talentos anárquicos que a veces regala el fútbol alemán y que parecen rebelarse contra sus señas de identidad. En la línea de jugadores como Schuster o Effenberg, Netzer “la calculadora alemana” representaba el cerebro y la sutileza. Las señas puramente germánicas las marcaba Verti Vogts, el mejor lateral diestro de la época. Junto a ellos, un imberbe Stielike (santo y seña del madridismo unos años después), ponía el entusiasmo y el descaro, y los daneses Jensen y Simonsen, la clase arriba. Otros componentes de la Alemania ganadora del mundial 74, como Wimmer o Bonhof. En suma, un auténtico equipazo. [...]

#2 | Escrito por Recordando a “los potros” de Mönchengladbach | 26 feb 2008 02:18:02

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