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16 marzo 2008


Emboscada a la vida en La Quemita

Juan Baeza

Velez

Fue de un balazo. Emanuel Álvarez iba en uno de los 40 autobuses que habían partido de Liniers rumbo al Bajo Flores. Con medio cuerpo afuera del vehículo, alentaba a Vélez, seguramente con la ilusión de sumar ante el siempre detestado San Lorenzo. Entonces la pólvora atravesó su pecho y su vida se paró en seco en frente de La Quemita, ciudad deportiva de Huracán, verdadero rival tradicional del Ciclón. Su vida se paró en seco en un lugar donde los fines de semana las familias hacen asados en las parrillas que hay en la zona, donde la muerte no se espera, donde unos desalmados tendieron una infame emboscada a un chaval de 21 años.

Es la víctima número 224 del fútbol argentino. De nuevo la sangre tiñe de vergüenza el balompié de un país en el que las barras atesoran un poder que sobrepasa los límites estrictamente futbolísticos. Son las barras las que dominan una amplia parcela de todo lo que genera el fútbol, son las barras las que mueven dinero en los estadios, las que amenazan a jugadores y tienen trato con los clubes, las que buscan gloria de empaque con la violencia. Son las barras y los que las sustentan, y ahí están metidos casi todos los equipos argentinos, las responsables de las vidas que año tras año se pierden fuera y dentro de las canchas.

En esta ocasión los interrogantes se imponen por encima de todo. Algunos testigos dicen que el asesino disparó desde un coche y que portaba una camiseta de San Lorenzo, otros hablan de una emboscada de la barra de Huracán, la hipótesis más probable, aunque con poco sentido ya que entre el Globo y Vélez la rivalidad no es demasiado intensa. En cualquier caso, el derramamiento de sangre provocó la ira de los hinchas de Vélez que provocaron la suspensión del choque ante San Lorenzo, incluso amenazando a sus propios jugadores. Del Bajo Flores, la barra del Fortín paró de vuelta a casa en La Quemita, donde se vivieron momentos de auténtico caos. Rompieron el portón de entrada a las instalaciones deportivas de Huracán y acabaron con todo lo que pudieron hasta que la policía irrumpió en escena para reestablecer el orden.

Una vez en Liniers, la gente de Vélez se desmovilizó pero todo el mundo sabe que esta película no ha acabado aquí. Las autoridades ya ofrecen una suculenta cantidad para aquellos que aporten alguna pista sobre el autor del crimen. Lo que más asusta es que el Clausura se cierra con un Vélez-Huracán en la cancha del segundo, por lo que mucho y bien tendrá que trabajar la policía para evitar una guerra entre barras de uno y otro equipo en Parque Patricios. En cualquier caso, lo peor es que las muertes en Argentina a causa de los radicales que desatan su espíritu violento bajo el abrigo del fútbol son cada vez más frecuentes. Se nos viene a la memoria ahora Marcelo Cejas, el hincha de Tigre que murió hace unos meses el día del ascenso de su equipo. Se nos vienen a la memoria muchos otros casos. Y la lista no tiene fin, y la AFA no aporta soluciones, y el gobierno tampoco… Así las cosas desgraciadamente en Argentina ir al fútbol se está convirtiendo en un acto de riesgo.

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