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18 marzo 2008
A ritmo de Tango: La violencia aceptada como si tal cosa

Este fin de semana el fútbol en Argentina se ha teñido de rojo otra vez más. El sábado una bala de no se sabe quién mataba a un hincha de 21 años de Vélez, cuando se dirigía en un autobús hacia el campo de San Lorenzo para ver un partido que se prometía interesante, ya que el Fortín está en la punta y las sensaciones que transmite son mejores cada domingo. La maldita pólvora evitó el encuentro, porque los hinchas de Vélez amenazaron con invadir el Bajo Flores. Este ruin asesinato ha conmovido a Argentina pero ni siquiera 24 horas duró la calma.
El domingo en La Boca hubo navajazos y tiroteos entre dos facciones de la Doce. Fue antes de salir hacia la cancha de Huracán. El encarcelamiento de Rafa di Zeo abrió una guerra interna que acabó con Mauro Martín en la cúpula. Pero Mauro no ha sido hábil y se ha franjeado enemigos que están dando guerra. Sin embargo, Buenos Aires no estaba preparada para una batalla campal 24 horas después de la última muerte del fútbol argentino.
La consternación es total. La AFA pide minutos de silencio pero no suspende la jornada. No, no la suspende. Es decir, el gobierno pide que se suspenda la fecha y la AFA se niega y sólo concede un minuto de silencio. Es un hecho significativo. En cualquier liga europea, un asesinato de un hincha no se quedaría con un simple minuto de silencio. Es un hecho significativo porque deja bien claro que la muerte en el fútbol argentino se ha convertido en algo relativamente normal. Muy fuerte.
Pero hay más. Se nota en el ambiente una inexplicable sensación de impotencia. Lo que pasa en Boca evidencia que lo de las barras es un problema endémico. Da igual que quites al capo de turno, porque saldrá otro y luego otro y así sucesivamente. Los clubes, amenazados como si de los tiempos de la vieja mafia siciliana se tratara, seguirán colaborando, regalando entradas a las barras para luego ser revendidas, dándoles voz y voto en decisiones en las que no deberían contar. La policía no puede hacer nada porque es un círculo cerrado y la AFA obviamente está metida en el embrollo pues lo están los clubes.
Por todo eso no extraña una encuesta publicada el lunes por el diario Olé. Se formula la siguiente pregunta: ¿cuál es la solución para frenar la violencia? Se dan varias opciones: jugar sin público, sancionar deportivamente a los clubes, sancionar económicamente a los clubes, incluso suspender los campeonatos… La segunda opción más votada, con un 20% de pinchazos, es jugar sólo con afición local. Pero paradójicamente la solución más votada es la no solución: no hay manera de frenar la violencia. Esto lo suscriben casi un 30% de los lectores de Olé.
Es sólo una encuesta pero sin duda refleja el sentir de un país que ve como el fútbol se les ha ido de las manos. Hace unos meses fue un hincha de Tigre, a Gonzalo Acro de River lo llenaron de plomo a la salida de un gimnasio poco después y ahora le toca al chaval de Vélez. No es normal, no es aceptable, no es viable. Y lo que existe entre los argentinos es desazón, la desazón de aquellos que ven que nada pueden hacer ante lo que se les viene encima. Directamente aceptan que se la juegan cada vez que pisan una cancha. Es una triste realidad para un fútbol con historias tan bellas y hermosas.
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Tags: A ritmo de Tango, violencia en el fútbol
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