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04 abril 2008
El fútbol y la guerra fría: James Riordan, un inglés en Moscú
Existe un topos idílico entre los aficionados al fútbol y al deporte en general, que hemos visto reproducido en películas, anuncios de televisión y otras obras de ficción. Y en un ámbito más extendido, la podemos ver en uno de los múltiples cástings que se reproducen en la parrilla televisiva cual cucarachas. La típica escena en la que un desconocido jugador salta al campo siendo el último recurso para sustituir a otro jugador de nivel, y gracias a su actuación salta inmediatamente al estrellato.
Pues esto fue justo lo que le pasó a James Riordan, y en el escenario que más se aleja de esta idea capitalista del éxito casual e instantáneo, el glamour y las oportunidades únicas. James Rirdan fue el único británico que jugó en la liga soviética, aunque su historia es bien poco conocida incluso en su propio país, siendo más recordada la no menos mítica historia de Robert Lockhart, un diplomático-espía inglés que llegó a jugar para el Dynamo de Moscú en la Rusia prerrevolucionaria.
Pero volvamos al caso de Riordan, cuya historia completa se explica en el libro “Comrade Jim: the spy who played for Spartak”. En 1963, Riordan era un militante comunista convencido, que tras pasar un periodo como agente para los servicios británicos y ser enviado a Berlín, donde estableció contactos con los soviéticos y acabó muy atraído por ellos, se convirtió en uno de los primeros – y últimos – estudiantes británicos que cursaron en un colegio superior del partido en Moscú. En esa época, coincidió con una pequeña comunidad de ingleses entre los cuales estaban los celebérrimos Kim Philby y Guy Burgess, dos de los miembros más destacados de los llamados “Espías de Cambridge” que actuaron como agentes dobles al servicio de la Unión Soviética y, tras ser descubiertos, tuvieron que escapar al otro lado del telón de acero. De hecho, sólo unos días antes de su breve historia futbolística, Riordan había sido uno de los portadores del féretro de Burgess. Este grupo sí debía sentirse como un “alién legal”, como califica Sting un “Inglés en Nueva York” en su famosa canción.
Los fines de semana Riordan solía jugar con sus amigos a fútbol. Fue en una de estas “pachangas” cuando el entrenador del Spartak, Nikita Simonyan, se fijó en su calidad después de que Gennady Logofet, lateral izquierdo del equipo moscovita y amigo de Riordan, lo recomendara encarecidamente. De esta forma, el británico fue invitado a visitar las instalaciones de entrenamiento del Spartak y a participar en la sesión de aquel día. Poco después recibió una llamada telefónica del entrenador: “¿Estás libre hoy?”. El jugador pensó que quería invitarlo a ver el partido de aquel día como espectador o algo así, y contestó afirmativamente. “Pues ven y tráete las botas”.
El motivo era que el defensa central titular estaba lesionado. Bueno, en realidad estaba en un exagerado estado etílico o como dicen en Rusia “Amigo de la serpiente verde”, eufemismo que define el alcoholismo. El técnico entonces pensó en aquel jugador venido de las Islas pero que físicamente era imponente como un T-34 soviético, debido a su altura y a su envergadura. El partido en cuestión frente al Pakhtakor de Tashkent acabó en empate a dos goles en el marcador del Estadio Lenin de Moscú, y Riordan, desde entonces apodado “Chopper” por sus compañeros, recuerda con orgullo que los dos goles del equipo contrario llegaron por las bandas y no por su posición de tapón por el centro.
La presencia de un jugador inglés en el Spartak no dejaba de ser peligrosa para el club. De hecho, el fundador del Spartak Nikolai Starostin había salido del gulag sólo ocho años antes, tras permanecer recluido a raíz de uno de los episodios más oscuros del fútbol en la Unión Soviética. Ante la seria competencia que el Spartak ofrecía a los clubes más “oficiales” como el Dynamo (manejado por los servicios secretos) y el CSKA (controlado por el ejército), Starostin fue arrestado en 1942 y acusado de “Alabar el deporte burgués e intentar arrastrar símbolos burgueses hacia el deporte soviético”. Desde luego la inclusión de un jugador “capitalista” en el equipo no era la mejor medicina. En 1963 los tiempos habían cambiado levemente en la Unión Soviética: Yuri Gagarin se convertía en el primer hombre en el espacio y en símbolo del progreso del país, y el cuerpo de Stalin era retirado del mausoleo. Aún así, por megafonía el nombre de Riordan se anunciaba como “Yakov Iordanov”, por lo que en realidad pocos notaron que era extranjero.
Como el defensa titular seguía de juerga etílica, Riordan fue convocado de nuevo en el partido siguiente ante el Kairat Almaty. Esta vez el resultado fue de empate a uno y la actuación del inglés, como él mismo reconoce actualmente, no fue tan satisfactoria como en su debut. Este partido representó el final de una de las carreras futbolísticas más breves y sorprendentes de la historia, ya que aunque fue llamado como sustituto en un par de partidos posteriores, ya no volvió a jugar al fútbol de alto nivel.
Actualmente James Riordan cuenta con 72 años y vive cerca de Porstmouth con sus dos gatos Pompey y Tilly. Profesor retirado tras impartir clases en la Universidad de Surrey, y mucho más conocido por su estudio “Sport in Soviet Society”, primer estudio occidental sobre esta temática, que por sus 180 minutos como Yakov Iordanov en la élite del fútbol soviético en plena Guerra Fría.
En NdF | El fútbol y la guerra fría: Peter Vermes: un americano en la Hungría comunista.
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Tags: Dynamo, futbol y guerra fria, James Riordan, Rusia, Spartak
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Vaya historia, si que fue breve su periplo futbolistico.
#1 | Escrito por cityground | 04 abr 2008 09:22:51
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