
Existe un amplio consenso en el mundo del fútbol acerca de que el peor Mundial disputado hasta la fecha fue el de Italia 90, al menos en lo que concierne a nivel futbolístico e interés para el espectador. Los principios resultadistas de Bilardo, triunfadores cuatro años antes, y la nueva Edad de Oro del catenaccio (sólo discutida por el brillante Milán de Sacchi) dieron lugar a juego defensivo, poco riesgo, mucha especulación y escasez de goles; el promedio de tantos marcó un mínimo histórico, y hasta Brasil, comandado por Lazaroni, renunció a los principios del jogo bonito. Y se fue a casa más pronto que tarde.
Para consuelo de los que aún creen en la justicia poética, sí se puede decir sin temor a equivocarse que este campeonato se lo llevó el mejor, la República Federal Alemana. Entrenada por Beckenbauer, la Mannschaft unió a sus habituales virtudes de trabajo a destajo, poderío físico y fe inquebrantable en la victoria, una fenomenal generación de futbolistas. Combinación explosiva que significó un título.
La columna vertebral de la selección teutona estaba constituida por el “trío del Inter”. En la parte de atrás, Andreas Brehme asumía la responsabilidad desde el lateral izquierdo en su segunda participación mundialista, y recogía brillantemente el relevo de Briegel. Arriba, Jürgen Klinsmann cimentaba su fama como irredento cazagoles, y en el centro de operaciones Lothar Matthäus ejercía de director de orquesta. En particular, el medio de Erlangen, en la cumbre de su carrera, fue seguramente el jugador más destacado del torneo, con una jerarquía tal que hasta el propio Maradona afirmó de él “Es el mejor futbolista al que me he enfrentado jamás”.
Aparte de la conexión italiana, explotó también el liviano Thomas Hässler, un estupendo mediapunta que representaba la invención en el equipo alemán. A estos brillantes futbolistas acompañaba una pléyade de eficaces jugadores de complemento, como el arquero Bodo Illgner, el libre del Bayern Klaus Augenthaler, el maravilloso central Jürgen Kohler o un declinante pero aún válido Littbarski.
Estimulados por el encomiable espíritu ofensivo que supo insuflarles el Kaiser (fue uno de los pocos equipos del torneo que buscaban el gol después de marcar), los alemanes fueron pasando rondas sin sufrir excesivos agobios. En primera ronda dieron buena cuenta de Yugoslavia, Emiratos Árabes y Colombia, anotando diez goles y concediendo un único empate ante los sudamericanos, el famoso gol de Rincón. En octavos se impusieron por 2-1 a la Holanda de Koeman, Rijkaard, Gullit y Van Basten, campeona de Europa, siendo claramente superiores y encajando el gol ya en el descuento. Su siguiente rival fue Checoslovaquia, a la que derrotaron en San Siro con un gol de penalty de Matthäus, y donde de nuevo el resultado estuvo por debajo del juego teutón.
El único oponente que fue capaz de plantar cara a la maquinaria centroeuropea fue, como tantas veces ha ocurrido, Inglaterra. Fue un partido jugado de poder a poder, con extremado sentido táctico y duelos inolvidables, como el de Klinsmann con Walker o el de Lineker con Kohler. El afortunado tanto de Brehme fue contestado por el ex-ariete del Barcelona a poco tiempo para el final, y los inevitables penaltis dieron una vez más el pase a Alemania, tras fallo final del gran Chris Waddle. Fue el mejor encuentro del mundial.
En la final del Olímpico de Roma se encontraban los alemanes con Argentina, que contra todo pronóstico optaba a revalidar su título. Con un equipo netamente inferior al de México, colgado de un Maradona que jugó cojo casi todo el campeonato, de la habilidad del parapenaltis Goycoechea, de los goles de Caniggia y de los chispazos de Burruchaga, el equipo de Bilardo fue pasando rondas en una clasificación que fue un via crucis, y donde amplias dosis de fortuna sonrieron a los albicelestes.
Argentina comenzó su andadura en el Mundial siendo derrotada en el partido inaugural por Camerún, en un encuentro que confirmó la emergencia del fútbol africano. Una victoria ante Rusia –donde Maradona volvió a sacar a pasear la mano de Dios- y un agónico empate con Rumania le dio el pase a la albiceleste como tercera de grupo. Esto les deparó un enfrentamiento en Octavos con Brasil, en un partido donde los cariocas chocaron con los postes y el mal fario, y que decidió un relámpago de genio de la conexión Diego-Claudio a pocos minutos para el final. Un resultado increíble para lo visto en Delle Alpi, pero lo incontrolable siempre podía ocurrir si andaba Maradona en el césped. También fue el partido donde parece ser que Bilardo intoxicó intencionadamente al brasileño Branco.
En cuartos los sudamericanos se enfrentaron a Yugoslavia, que venía de eliminar a España y donde Stojkovic oficiaba de estrella. Los balcánicos fueron muy superiores en el primer tiempo, y no le perdieron la cara al partido en el segundo, a pesar de que a la media hora de juego Maradona ya había provocado la expulsión de Sabanadzovic. Fueron necesarios los penaltis, donde a pesar del fallo del Pelusa, el acierto de Goycoechea llevó a su equipo a la siguiente ronda. Yen las semifinales, en las peores condiciones posibles, contra el anfitrión imbatido, en un enloquecido San Paolo y recibiendo un gol de inicio, Argentina jugó su mejor partido y consiguó forzar la prórroga y la lotería del punto fatídico, donde Goyco volvió a ser caballo ganador. El bilardismo estaba de nuevo a las puertas de la gloria.
La final que se disputó en Roma fue sin duda la más desagradable disputada hasta ese momento en toda la historia de los Mundiales, y batió varios records negativos: se registró la primera expulsión en una final, por ejemplo, y fue la primera ocasión en que uno de los dos rivales se quedaba sin marcar. Argentina llegó disminuida por las sanciones, y no pudieron jugar ni Giusti, ni Batista, ni el lateral Olarticoechea, ni el punta Caniggia, clave en la semifinal.
Así, pues, el Narigón dispuso una estrategia incluso más defensiva que de ordinario, y dejó todo el peso del partido en las manos de Alemania. El bombeo de balones no se mostró efectivo durante el primer tiempo, en el cual Serrizuela y Ruggeri sujetaron perfectamente a los puntas europeos, y sólo las penetraciones de Brehme (que jugó más de centrocampista que de lateral) crearon un cierto peligro. Puede anotarse como la única ocasión clara de gol en el primer tiempo para cualquiera de los dos equipos un disparo del propio Brehme que atrapó Goycoechea sin grandes problemas.
El segundo tiempo comenzó de igual modo, con un ambiente netamente favorable a los germanos, pero con el centro del campo blanco cortocircuitado por el 3-3-3-1 de Bilardo y el trabajo incansable de Troglio y Sensini. Sin embargo, una jugada absurda cambió el signo del partido: una patada incalificable de Monzón a Klinsmann, que acarreó la inmediata y justa expulsión del argentino. A partir de ese momento, el conjunto sudamericano se encerró en su área y puso toda su fe en los penaltis y en Goycoechea. Y cómo no, la decisión del campeonato fue desde el punto fatídico, aunque no como esperaban los argentinos. Un supuesto agarrón, probablemente inexistente, de Sensini a Völler, llevó a Brehme a los once metros, y el rubio lateral, frente a frente con Goyco, ajustó su disparo raso al poste, imposible para el portero. El gol que a la postre sería definitivo.
Y sí, el penalty seguramente no fue, pero es casi imposible ganar si tu mejor jugador ni aparece en todo el partido (triste despedida de Maradona de la selección, entre lágrimas), si te ganas dos expulsiones, y sobre todo, si tú tiras una vez a puerta y tu rival lo hace dieciséis veces. Este fue Alemania, justo campeón.
ALINEACIONES. RFA: Illgner, Augenthaler, Berthold (Reuter m. 75), Kohler, Buchwald, Brehme, Hässler, Matthäus, Littbarski, Klinsmann y Völler. Argentina: Goycoechea, Simón, Serrizuela, Ruggeri (Monzón m. 46), Troglio, Sensini, Burruchaga (Calderón m. 54), Basualdo, Lorenzo, Dezotti y Maradona.


Comentarios
Si que es verdad que no hay mucho que revivir de ese mundial. Hasta los equipajes de los jugadores eran de poco gusto. Pero el balón... eso si que era bonito, y no las mierdas multicolor que hacen ahora.
No creo que fuera el más feo "ome". Aquí cuando no se hacen "bicicletas" parece que no es futbol ....
Un mundial horrible. Pero que gran canción la que musicalizaba ese mundial.
Cierto que no fue un buen Mundial para el fútbol. Muy defensivo. Marcó la desaparición total del fútbol por los extremos-que inmediatamente después se reinventaría con los famosos carrileros-. Partidos realmente bruscos. Encuentros aburridos. Ahogados por la táctica de jugar a no perder. Recuerden el Argentina-Camerún o la misma final Alemania-Argentina. Marcó de alguna manera el fútbol que se iba a ver después. Un fútbol donde el jugador correría más que el balón. Es mi opinión.
Es verdad! La música de este mundial (Italia 90) es la mejor hasta hoy día.
CODESAL ES EL HIJUEPUTA MAS GRANDE DE LA HISTORIA DE LOS MUNDIALES. PINCHE CABRON VENDIDO!!! PERO QUE EQUIPAZO DE ALEMANIA EN ESE ENTONCES!!