
Se dice que hay trenes que no se pueden dejar escapar. Ocasiones que aparecen una vez en la vida, de forma rápida, fugaz, y que no vuelven. Situaciones que pueden provocar un cambio, para bien o para mal, en la vida de alguien y que sólo se puede aceptar o rechazar, sin opción a deshacer lo decidido. Esa ocasión le ha llegado a Fernando Torres. Varios veranos se había producido amagos, pero el verdadero tranvía ha llegado ya. Es oficial. La locomotora sale rumbo a Liverpool y llevará consigo al niño. Durante los próximos seis años Fernando conocerá la magia de Anfield en persona. Así lo han querido tanto él como la directiva atlética.
No hay duda de que aunque Torres se vaya, el Atlético de Madrid lo seguirá llevando dentro, aunque otro escudo le luzca por fuera. Un escudo con el que quiere pasar de estrella madrileña a mundial, con el que quiere ser campeón. Y en principio parece que ha elegido bien. Rafa Benítez y los españoles de Liverpool parecen a priori buenos apoyos para su integración y así seguir creciendo futbolísticamente.
Por otro lado, el Liverpool ha asumido el riesgo, impulsado por una confianza ciega en un jugador que siempre ha jugado en un equipo que no tiene las mismas ambiciones que los ingleses, que no tiene experiencia en Europa, pero que es un gran jugador. Y por ahí tira Rafa Benítez, por la capacidad de explotación que tiene y el rendimiento que puede ofrecer.
La Premier puede ser un buen sitio para Fernando Torres. Y Kuyt un excelente compañero de baile en el ataque de los reds. Sólo el tiempo dirá lo acertado que ha estado el Liverpool con esta compra y sí ha sido rentable la fortuna que le han dado al Atleti, pero en principio tiene buena pinta. El niño ha hecho bien en marcharse. Ha cogido el tren rumbo al éxito y a la victoria y ha dejado el andén de la irregularidad, la inconsistencia y la incertidumbre. Fernando camina hacia Liverpool. Buena suerte.


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