
Hacía mucho tiempo que quería vivir una experiencia como la de ayer. Quien suscribe es un asiduo del Camp Nou, pero que nunca había tenido la oportunidad de ver un partido en directo en el Vicente Calderón. Y finalmente y gracias a una serie de coincidencias ayer pude seguir in situ el derbi madrileño en el Manzanares.
Conseguir encontrar la salida correcta en la nueva T4 de Barajas fue la primera odisea del día, pero bueno, no os voy a hablar de mis limitaciones en cuanto a orientación. El Calderón sí tenía muy claro dónde estaba y cómo llegar. Dos horas antes de comenzar el derbi ya bajaba por la Avenida de los Melancólicos y el ambiente era espectacular.
Para alguien que está acostumbrado a llegar 15 minutos antes de cada partido al Camp Nou, ver el ambientazo que rodeaba a los aledaños del Calderón ya fue la primera sorpresa positiva del día. Comprobar que la media de edad de los aficinados que acuden al estadio atlético no supera los treintaintantos y que cuatro de cada cinco va con la camiseta rojiblanca o cualquier otro distintivo atlético, otro dato revelador de que se respiraba fútbol y pasión a tope.
No os negaré que mi desplazamiento a Madrid para ver este partido, al margen de vivir todo lo que rodea a este derbi, también escondía una mínima esperanza de poder asistir a la primera victoria de los rojiblancos sobre sus rivales ciudadanos en diez años. Y la verdad es que a medida que se iba llenando el estadio y la gente ocupaba sus localidades, era algo que veía más cerca.
Los prolegómenos del partido, en cuanto a ambientación, me recordaron a los de un Barça-Madrid, con el Frente Atlético y medio estadio silbando a los blancos y con un objetivo muy claro: Guti. El centrocampista merengue tiene esa ‘virtud’ de centrar las iras de la afición rival, como después se pudo comprobar a lo largo del encuentro.
Pero todo parecía que ayer iba a ser el día señalado, el de la primera victoria de un Atlético ilusionado sobre un Madrid líder, pero que no enamora. El estadio estaba hasta la bandera y la alineación de Aguirre era la de gala. El Kun prometía guerra y ya había adelantado que Casillas no era un portero imbatible. El cancerbero blanco, como es habitual en él, no había entrado en guerras dialécticas, pero habló sobre el campo, como siempre.
Las presentaciones de los jugadores, el himno y comienza lo que llevaba mucho tiempo esperando. Pero antes de poder fijarme en si el Madrid iba a salir a esperar, o si Schuster iba a por el partido, Pablo le regalaba por dos veces el balón a Robinho en la línea de fondo y Raúl, el de siempre, no perdonaba. No había pasado ni medio minuto, increíble, y el guión del derbi madrileño, el que me habían adelantado mis amigos madridistas durante la semana ya se estaba cumpliendo.
El socio atlético que se sentaba justo delante mío lo tenía claro: “Este Raúl ha nacido para jodernos la vida a los atléticos”. Pues sí, el 7 blanco volvía a mojar en el Calderón y le ponía las cosas un poco más fáciles a su equipo, que ya sólo debía parapetarse atrás y salir con peligro a la contra, algo que saben hacer perfectamente.
Sin embargo, los jugadores del Madrid aún estaban celebrando el gol de Raúl y dedicándoselo al grupo de ultras blancos que había en una esquina del fondo cuando la afición atlética ya intentaba levantar el ánimo de los suyos. Eso es algo que no dejaron de hacer durante los 90 minutos e incluso con más fuerza y sentimiento cuando la derrota ya era un hecho.
Tras el mazazo inicial, el equipo de Aguirre empujó y empujó. Con más voluntad que acierto y con un Forlán que intentaba multiplicarse para fabricar y también para intentar rematar el poco juego trenzado de su equipo. Llegaron los postes de Motta y el Kun, las paradas de rigor de Casillas y el descabello de Van Nistelrooy. La verdad es que ayer en ningún momento la afición atlética tuvo la sensación de poder acabar con el gafe que les persigue en sus enfrentamientos con el Madrid.
Pero me quedo con dos frases, la del abonado que se sentó junto a mi y que con cara de resignación me dijo: “Tendrá que ser en la Peineta...” Y otra que escuché cuando volvía en el metro camino de Barajas: “Lo mejor de hoy es que ya no volveremos a jugar este año en Liga con el Madrid”.


