Volvió el mejor Atlético en su regreso a Europa

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AgüeroSiete años sin pasear la bandera rojiblanca por Europa, es demasiado tiempo para un equipo considerado como el tercero de España, al menos basándonos en lo histórico. Después del famoso doblete de la temporada 95/96, pocas alegrías ha recibido la afición colchonera. Más bien lo contrario, incluyendo dos años en Segunda División. Ahora, el Atlético de Madrid lucha por recuperar su sitio entre los grandes.

El verano del Atlético seguramente haya sido el más movido: venta de su jugador estrella, fichajes millonarios, venta del Calderón, disputa de la Intertoto… Ayer, volvía a la competición europea después de 7 años, y lo hizo a lo grande: estadio hasta la bandera, muy buen juego y un resultado amplio que le permitirá con casi total seguridad pasar a la siguiente ronda de la Copa de la UEFA.

No hay que lanzar las campanas al vuelo. Es evidente que su rival, la Vojvodina, era muy asequible. Pero el Atlético dejó muestras de lo que puede ser capaz este año, y el resultado final de 3-0 se quedó corto, teniendo en cuenta el gol legal anulado a Diego Forlán, y que el mejor de los visitantes fue su portero, Kahriman.

Los de Javier Aguirre metieron al equipo serbio en su campo desde el arranque del partido, y buscaron la portería rival con un fútbol rápido, vistoso y de gran movilidad, sin conceder ni una sóla ocasión. No se veía esto en el Calderón desde hacía mucho tiempo.

Dos parejas brillaron ayer sobremanera. Una la formada por Raúl García y Maniche, que fueron dueños del centro del campo. El ex de Osasuna demostró lo que puede aportar a este equipo durante la temporada, mientras que el luso sacó a relucir su mejor versión. La otra fue el dúo atacante. Forlán y Agüero están demostrando que se entienden a las mil maravillas. Ambos marcaron y firmaron una actuación magnífica, sobre todo el argentino, como esperamos que haga durante el año.

Todavía es pronto para juzgar si el Atlético ha salido ganando o perdiendo con la venta de Fernando Torres, pero ya se puede apreciar una diferencia en el juego del equipo. Ya no hay ningún jugador con más importancia que otro, ninguno recibe más miradas que nadie, ya no hay una única referencia en el equipo. Todos lo son.

Por una vez, la parroquia colchonera puede dormir tranquila. Se ha ganado ampliamente, y con buen fútbol.

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