Barça o el efecto balón

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El Glasgow Rangers no ha mostrado esta tarde en el Camp Nou ninguna de las virtudes que se le presuponen a un buen equipo británico, y ha perdido 2-0 con el Barcelona sin oponer apenas resistencia. Se han limitado a acumular hombres atrás y dejar pasar los minutos sin que la inevitable derrota fuera demasiado llamativa.

Aparte de la indolencia escocesa, el partido se ha parecido muchísimo a los últimos del Barça en casa, donde se está mostrando muy sólido en lo que llevamos de temporada. Ante el Almería, Betis, el propio Lyon. Siempre parece el mismo partido. El ritmo de balón no es demasiado alto, pero el equipo de Rijkaard domina, toca y toca sin cesar, y en un determinado momento el hueco aparece; buscado por Xavi o Iniesta con algún desmarque de los puntas, llega el gol.

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Con ventaja en el marcador, el dominio se torna abrumador, pero el equipo, salvo alguna excepción como Puyol, carece del hambre necesaria para buscar más goles. Siguen atacando, desde luego, pero sin la atención, la viveza, la rabia que realmente son la que convierten las ocasiones en goles. Los jugadores se empeñan en paredes, pasecitos cortos al borde del área que a veces incluso salen, pero faltan movimientos de ruptura, el toca y corre.

Ese juego, el del balón siempre al pie, adormece a los rivales, y desde luego que ofrece momentos de gran fútbol, pero Rijkaard y los jugadores deberían analizar por qué necesitan diez oportunidades de gol para marcar uno, por qué no son capaces de mostrar una contundencia que les convertiría de verdad en un equipo imbatible, y por qué, pese a la experiencia del año pasado y a una cierta mejora en actitud y trabajo, al equipo parece que le falta el ansia competitiva que convierte a los buenos equipos en Campeones y dominadores en el tiempo. Como decía Cruyff el lunes en El Periódico de Catalunya, en competiciones tan igualadas nunca sabes qué detalle o qué gol te puede hacer ganar o perder el título.

Y, contradicciones de la vida, quién parece querer salir de la atonía es Ronaldinho. De nuevo, como el domingo ante el Betis, pareció más ligero de piernas y con más facilidad para el regate (la habilidad en el pase jamás la ha perdido). Es una buena noticia, pero El Gaúcho y sus compañeros no deberían olvidar que si un taconazo es divertido para el aficionado, más lo es un gol…

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