Una victoria como el comer. Algo así es lo que necesita el Barcelona esta noche en el Camp Nou para apaciguar los ánimos de la hinchada. Que no es que haya enterrado todas las ilusiones en el mes de septiembre y ya no confíe más en su equipo, es más que nada por la exagerada alarma que se ha creado entorno al conjunto catalán cuando apenas lleva media décima parte de la temporada. A la prensa le gusta coquetear, rumorear y lamentablemente mentir.
Hoy el Barça no sólo debe ganar al mejor equipo francés, sino que además debe hacerlo de manera que tape las bocas que hace unas semanas le otorgaban a bombo y platillo un fútbol tan fantástico como impalpable y que hoy, cuando las cosas se han torcido o no han ido como deberían ir, dan la vuelta a esa opinión transformándola en acusaciones.
Uno es de los que cree que es demasiado pronto para valorar un equipo. Si uno llevara a cabo esa fórmula, deduciría a la velocidad del viento que el Real Madrid ganará la Liga, que el Chelsea no pasará de la primera fase de la Champions League y que, qué sé yo, Ronaldinho volverá a ser el mismo patán que fue el curso anterior. Pero eso sería pecar de ingenuidad, un salto sin red innecesario en el que, sin embargo, día a día, con el afán de quizá vender, se involucra nuestra maltrecha prensa deportiva.
Que vale, que sí. Que es incomprensible que un equipo que mezcle cracks de la dimensión de Henry, Messi, Ronaldinho o Deco juegue menos a fútbol que una pachanga de patio de colegio, pero de ahí a dilapidar a un entrenador cuando se han disputado tan sólo ¡tres partidos! de Liga me parece rematadamente exagerado. Por eso el Barcelona debe esta noche dar el golpe sobre la mesa. Jugar como mejor sabe, como mejor le sale y como más hace disfrutar al personal. El rival es duro, una auténtica piedra de toque. Bueno, pero no invencible. Ideal para reaccionar y excelente para volver a sentir pasión por el fútbol en el Estadi.
Al contrario que el cuadro de Frank Rijkaard, Alain Perrin afronta el arranque de la Champions League con la calma que otorga un 1-5 en la última jornada liguera. Avalado por su buen fútbol las últimas temporadas, para el Lyon, un conjunto en constante renovación debido a la venta de sus estrellas, la de esta noche es una prueba de fuego aunque no decisiva. Con el estelar Juninho Pernambucano llevando la batuta y con alguna que otra baja importante se presenta el campeón francés ante un Barcelona, ya con Messi, obligado a poner los puntos sobre las íes en pleno mes de septiembre. Surrealista, pero real.
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