
De la exhibición de Ronaldinho al tan nombrado pasillo. Ha pasado poco tiempo entre los dos acontecimientos en el Bernabéu. Un auténtico cambio de rumbo en la directiva de la Liga, en el Olimpo del fútbol español, se ha producido en ese periodo. El asiento del mejor de España ha cambiado de dueño de una forma fulminante, clara, irreprochable. El pasillo del inicio del encuentro no dejará de ser una anécdota, algo simbólico, pero el recital que los blancos dieron ayer con el balón, eso duele más. Porque el resultado es muy duro y el juego muy distinto entre ambos.
El cansancio físico de la celebración fue menos importante que la voluntad de victoria, de una mayor fiesta, esta vez en el campo, con el balón, como más les gusta. El Real Madrid volvió a dar una lección al Barcelona, como ya hiciera en el partido de ida. Mostrando seguridad, unidad, actitud, consistencia y contundencia. Su rival fue un espectador más, un reflejo de impotencia, la máxima expresión de la rendición.
Comencemos por los vencidos. Más allá de los que se borraron del encuentro, que además de mostrar su dudosa profesionalidad deberían salir del club, los que saltaron al campo del Bernabéu demostraron que tienen que cambiar muchas cosas en Barcelona para la temporada que viene. El equipo no mostró ningún arma para poder derrotar a su rival.
Es cierto que la tarea era difícil, el escenario es duro y los ánimos madridistas estaban por las nubes, pero también es verdad que la necesidad de ganar debía de ser imperiosa. El segundo puesto se perdía y eso es un golpe duro a la temporada siguiente. Quizá sea el mejor castigo que se les puede imponer, restarles vacaciones. Sólo Puyol, Messi y un desesperado Valdés pusieron algo de dignidad al juego blaugrana. Un juego previsible, lento, apático. Como el de toda la temporada.
Por parte del Real Madrid, la alegría y la confianza se muestran y demuestran cada vez que los jugadores tocan el balón. Venían de una fiesta y con la satisfacción del trabajo bien hecho. La preparación del partido y la concentración no debían de ser las idóneas para un clásico de estas características. Pero el ambiente, la fe y el corazón provocaron que el pasillo inicial fuese un detalle comparado con el juego desplegado.
El encuentro de ayer además fue el espejo de la mejora de varios jugadores, claves en la consecución del título y en el gran tramo final de temporada: Gago y Sneijder. El argentino ha encontrado su sitio, ha cogido confianza y su crecimiento en la faceta defensiva ha sido muy notable. Esta temporada sí se ha visto una evolución clara, y por fin se está logrando lo que se buscó con su fichaje: vislumbrar un amplio e importante margen de mejora.
Por su parte, Sneijder vino como un jugador mucho más consolidado, con más experiencia, pero algo irregular. Sin embargo, ha demostrado que esté o no en forma, su trabajo y lucha son constantes siempre, algo que el equipo agradece.
Así las cosas, los blancos sonríen y los azulgranas se resignan. Pero no conviene olvidar que otros que están muy contentos son los amarillos. El Villarreal estará el año que viene en Liga de Campeones, gracias a una gran temporada y a un muy buen juego.
En NdF | 90 minutos que simbolizan una Liga


Comentarios
Totalmente de acuerdo.
Vaya dos partidos le esperan al barça porque si no se le ponen de cara rápido puede ser terrible ya no hablemos si empieza perdiendo.
No puedo estar más de acuerdo en lo de Gago y Sneijder. Ambos, con el añadido quizás de Higuaín, son los primeros aciertos en mucho tiempo de los servicios técnicos blancos.
Jugadores jóvenes, con grandes capacidades potenciales que solo se pueden desarrollarse por completo en un gran equipo.