
El fútbol tiene muchas cosas buenas. Todos los que disfrutamos de este deporte universal lo sabemos. Pero ayer en Sicilia salió a la luz una de las malas. La peor. Lo que pasó en el campo italiano es suficiente para darnos cuenta de que la inteligencia de la humanidad es tan limitada como su racionalidad. Todos los que se encargaron de ennegrecer una fiesta tradicional como son los derbys del sur de Italia no tienen la mínima cordura, no son conscientes de sus actos.
El encuentro estaba previsto para las tres de la tarde, pero fuera del estadio empezó mucho antes. Grandes disturbios se apoderaron del Angelo Massimino. Comenzaba la demostración de falta de cordura de parte de los asistentes. Ya dentro del campo, comenzada la segunda parte, el partido tuvo que ser suspendido durante media hora por el lanzamiento de gases lacrimógenos al campo. Sorprendentemente el partido se reanudó y acabó con 1-2 a favor del Palermo, aunque eso es lo de menos. Al finalizar el partido volvieron los disturbios en los alrededores del estadio.
Los resultados de esta barbaridad son alarmantes. Porque toda esta batalla acabó con la vida de un policía. Algún asesino decidió ensañarse con un agente de seguridad, que lo único que hacía era trabajar por su seguridad. Un petardo con el nombre de “carta bomba” le explotó en la cara y acabó con la vida del inocente hombre. El mundo del fútbol debe sentir una inmensa vergüenza. Además, la cifra de cien heridos afirma que el asunto es para preocuparse de verdad. 23 detenidos, hasta ahora, deberán explicar el por qué de su animalismo. En lo deportivo, el calcio ha sido paralizado indefinidamente. Todos los clubes han mostrado su condolencia.
Una de las cosas más sorprendentes de todo esto es la reacción de los dos clubes implicados. Su impresión del desastre es que ha sido provocado por el rival, sin más. El presidente del Catania asegura que todo empezó por la provocación de los hinchas del Palermo, mientras que los dirigentes de su rival aseguran que fueron los contrarios. Otro motivo más para la vergüenza.
El asunto ha cogido tal magnitud que será llevado al parlamento italiano. Porque esto es un problema peligroso, acaba con vidas humanas. Los que tenemos dos dedos de frente no entendemos por qué se puede agredir a una persona por el mero hecho de llevar otra camiseta, tener otro color de piel o compartir otra religión. Pero, aún sin comprenderlo, debemos luchar para que estos casos se supriman definitivamente del deporte y de todos los ámbitos.



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