Cada equipo de fútbol tiene su historia. Y dentro de ese pasado, hay nombres ilustres, especiales, inolvidables, que quedan marcados en la memoria de los aficionados para siempre, haciendo mención de ellos cuando las cosas no van bien y aumentando su nostalgia por la falta de gente parecida a los genios del pasado. En la Roma, uno de esos nombres ilustres es Bruno Conti. El habilidoso zurdo ha pasado a la historia como uno de los mejores futbolistas que han pasado por el club italiano, para el que trabaja actualmente como director deportivo.
Pero este post no va dedicado al gran Bruno, sino al pequeño Daniele. El hijo del ilustre romanista no tiene la velocidad de su padre, ni su calidad, ni su desborde. Seguramente nunca llegue a jugar con la selección ni será campeón del mundo, y su nombre no acabará incrustado en la memoria de los aficionados de su club, el Cagliari. Sin embargo, es un buen medio centro, 100% italiano, correcto con balón y perfecto sin él. Y esta tarde, Daniele, bajo la atenta mirada de su padre, ha marcado el gol de la jornada en Italia.
El joven Conti debutó con su club amado, por razones parentales, con Carlos Bianchi en el banquillo. Pero como en ocasiones pasa, las virtudes técnicas están por encima de las sentimentales, porque en el fútbol no se vence con amor. Y Daniele tuvo que viajar a Cagliari, Cerdeña, donde es el líder del modesto club que lucha por no descender año tras año. Nada que ver con su padre, pero el gol que ha conseguido esta tarde en el Olímpico, ante su equipo y el de su progenitor, lo llevará siempre consigo.


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