Uno de los focos más importantes de la violencia en el fútbol está en Italia. No pasa jornada en el que no ocurra ningún altercado dentro o fuera del estadio. El pasado fin de semana fue la capital italiana la que fue castigada por actos bandálicos de los tifosi del Nápoles. Los heridos y los destrozos ocasionados en el estreno liguero han provocado que el gobierno tome duras medidas.
Para empezar, los aficionados del conjunto napolitano tienen prohibido desplazarse para el resto del campeonato. No podrán viajar organizados, pero siempre podrán unirse dentro y fuera de los estadios, por lo que estaríamos en las mismas. Más que una medida de seguridad, es una forma de no pillarse los dedos y tener que hacer frente a cifras como los más de 500.000 euros que suman los destrozos del pasado domingo.
Además, se ha prohibido la venta de entradas para el duelo entre Nápoles y Fiorentina de la próxima jornada. Una medida más lógica que evitará sin duda la violencia dentro del estadio, pero peligrosa a la vez porque no garantiza que los aficionados se concentren en los alrededores y, lo que es peor, con movimientos reivindicativos. Pero la historia es la de siempre y las soluciones las mismas.
Hay mucha preocupación, pánico en relación a este tema en Italia. Las masas resultan incontrolables y este tipo de decisiones no suelen tener reacciones comprensibles en las partes afectadas. Se pide más seguridad, pero ésta parece que no llegue, o que no sea suficiente. Sólo cabe esperar que la situación en el Calcio nunca vuelva a alcanzar los niveles con los que se protagonizaron los nefastos capítulos de la temporada pasada.



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