
Sucedió en la medianoche del sábado. El Real Madrid enfiló su particular viaje al apocalipsis cayendo derrotado en su casa ante un invitado con fútbol de auténtico anfitrión. Cayó y se desplomó la ilusión. Cuando algo deja de depender de uno y el balón pasa al tejado del eterno rival es natural que se conciba el término esperanza como algo quimérico, hiperbólico; lejos de un diccionario al que ya se le han dado demasiadas patadas. Pero un servidor siempre ha creído que lo importante no es mantenerse en pie, sino levantarse cuando uno se tropieza. Tras la indecente resaca del clásico, en el que la corriente ha optado, cómo no, por señalar a los culpables del desconcierto blanco este curso con Manuel Pellegrini en el punto de mira, la jornada intersemanal ha traído consigo lo que uno hace cuando tiene una pesadilla: quitarse las legañas, olvidar lo sucedido… y levantarse.
Los blancos lo han hecho en detrimento de un Almería del que quiero rescatar un aforismo de su técnico hace algunas semanas cuando le hablaron sobre Ronaldo. A Juanma Lillo le preguntaron si prefería Ibrahimovic al portugués y contestó lo siguiente: “En lo intangible, Zlatan es capaz de hacer el boca a boca a una jugada; vuelve a hacer respirar a jugadas muertas”. Según el entrenador vasco, el sueco hace mejores a sus compañeros, algo que, según desprenden sus palabras, no consigue el astro blanco. Sin embargo, al ver el tanto de Cristiano en el Estadio de los Juegos Mediterráneos me vino a la cabeza la frase de Lillo. Con un Real Madrid a rebufo, en una de esas jugadas muertas, el portugués se hizo con la bola tras un pase sin ninguna intención de Guti, vio el escenario y empezó a rodar su cerebro para resquebrajar el hasta entonces intenso cielo azul almeriense.

Resultado engañoso en el Santiago Bernabéu. Para el aficionado imparcial, un partizado. Para el del Real Madrid, un alivio. Y para el del Almería, una pena. Porque el conjunto madridista le metió cuatro al Almería pero no sin pasarlas canutas. Sobre todo cuando el equipo de Hugo Sánchez consiguió darle la vuelta al gol de Sergio Ramos en el primer acto. Pero volvieron las individualidades, apareció el de siempre, Huguaín, se autoexpulsó Cristiano y hasta Drenthe pudo marcar el quinto blanco.







