El gol más amargo de Filipe Luis
Pocos goles habían sido tan poco celebrados, pero cuando el lateral Filipe Luis se destrozó el peroné y el tobillo tras abrir el marcador ante el Athletic, todos sabían que su lesión pesaba más que la victoria ante los leones. El Athletic había dominado durante casi todo el primer tiempo y parecía dispuesto a asaltar Riazor para llevarse tres puntos ante un rival muy mermado por las bajas.
Pero Filipe Luis abrió el marcador en la segunda mitad para darle a los gallegos una inesperada y decisiva ventaja en el partido. Pero el brasileño no lo celebró y el público prácticamente tampoco: el jugador se quedó sobre el césped pidiendo la ayuda médica para una lesión que tenía muy mala pinta por la cara de dolor del brasileño y la alarma de los futbolistas a su alrededor. Las imágenes de su pierna torciéndose sobre sí misma confirmaban las peores sospechas y la actitud de Lotina, tapándose la cara con desesperación lo decía todo: acababa de perder para toda la temporada uno de sus hombres más valiosos sobre el terreno.


Sin rencor, con una ovación, con un alarde de olvido o simplemente de apoyo hacia el eterno 23 blanquiazul. Así recibió Cornellà-El Prat a Raúl Tamudo el día de su regreso a un campo de futbol después del toma y daca que mantuvo no hace mucho con el club y que le valió para ser excluido de las últimas cuatro convocatorias de Pochettino. El argentino lo incluyó en la lista para el choque ante el Getafe, en el que el Espanyol debía remontar un 2-0 en contra si quería pasar a octavos de la Copa del Rey. Sin embargo, no bastó la presencia del veterano ariete para dar la vuelta a la eliminatoria. Pese a sus ganas e involucración, los pericos sólo empataron a uno ante el cuadro de Míchel, que además se pusieron por delante gracias al tanto de Soldado. Iván Alonso empató antes del camino a los vestuarios, pero en la reanudación el marcador ya no se movió y en la siguiente ronda estarán los azulones.
Demasiado tarde despertó el Atlético en San Mamés, y, aunque lo hizo, la suerte volvió a mostrársele esquiva. Esa misma suerte que ayer optó por convertirse en madera y echarle una manita a Iraizoz, con quien se mostró más solidaria que nunca. El cuadro ahora entrenado por Quique Sánchez se llevó un tremendo palo en un campo difícil, pero que últimamente no se le daba nada mal. En realidad, no fue sólo un palo, sino tres, los que impidieron que Maxi, Forlán y Agüero saldasen las cuentas pendientes con ese final feliz que tan maldito se presenta. Eso es, el gol; el único injusto con los colchoneros, aquel que tantas veces le salvó se encaprichó esta vez con agrandar sus penas. Y fue injusto el gol, pues no se puede asegurar que también lo fuese el fútbol; eso es algo que aún le queda grande a este equipo.






