Cuando se habla más de la cuenta

Si ya de por sí el Atlético de Madrid es un club peculiar y últimamente demasiado familiarizado con el caos, en estos días toda la actualidad referente a los defensores de su portería está superando los límites. Pero no me refiero solamente a la alternancia en la titularidad entre Sergio Asenjo y David De Gea. Eso es un tema aparte que no voy a tratar con profundidad, aunque si me gustaría aprovechar el momento para señalar que el guardameta es un puesto demasiado delicado como para andar repartiendo minutos.
Lo que me ha llamado la atención es la forma en la que ayer sus respectivos agentes salían a la palestra para, lejos de sus pretensiones, dejar patente que los representantes son uno de los factores más ventajistas, interesados y redundantes del mundo del fútbol.
“Sergio no ha hecho las cosas mal para que le den este palo, pero bueno ha sido una decisión del míster, que parece que no confía en él ahora porque antes sí lo ha hecho. Además, me parece que después de tres partidos ganados cambiar al portero pues no lo sé, es una decisión de Quique que respeto, pero no comparto [...] Desde mi punto de vista, algo parcial, aunque intento ser objetivo, creo que ha estado rindiendo a un nivel más que aceptable. Ahora parece ser que tiene algún problema con los aficionados del Atlético de Madrid que le están de alguna forma ‘acosando’ y digo lo de acosando entre comillas. Pero esto es ley de vida, es muy joven y tiene que seguir su camino y continuar aprendiendo”.
El Valladolid vive, temporada tras temporada tras subir a Primera en 2007, a caballo entre la zona templada, los puestos de descenso y alguna posibilidad, durante el transcurso de la misma, de acariciar la franja europea. Es en esta época, y después de un mal resultado a poder ser, cuando empiezan a asomar las dudas sobre el equipo y su capacidad para salir del bache. Pero el cuento vallisoletano suele siempre terminar en final feliz, con las metas alcanzadas. Como sucedió en 2008, como ocurrió en 2009 y como muy probablemente vuelva a pasar este curso.
El Atlético de Madrid ha conseguido ante el Español su segundo triunfo liguero (4-0), y lo ha hecho evidenciando una notable mejoría. La victoria permite a los rojiblancos salir de la zona de descenso, aunque no es esto lo único importante. Por primera vez, al Atleti no le pareció descabellada la idea de jugar al fútbol, de sacar el balón controlado con paciencia, de procesar con criterio las jugadas; y todo esto, pese a tratarse de trazos desvaídos, le permitió ser superior a su rival. Además, acompañó la faena con una presión constante y un gran trabajo defensivo en todas sus líneas; sin duda, una gran noticia —y también una noticia, a secas—. No lo es tanto que Agüero completase un partidazo, marcando dos goles (uno de falta) y dando dos asistencias, conectando con Reyes y desquiciando a los defensas rivales.
Esta noche, a partir de las nueve, pocos hablarán de lo que haya sucedido en el resto de la jornada. Está claro que el 
Este Atlético no merece más reflexiones. Para qué, si vuelve a ofrecer lo mismo de siempre. Cierto es que no malgastaré en exceso las palabras para narrar lo que todos hemos visto alguna vez. Hay que ahorrar para cuando éstas vengan escasas. Lo único certero del encuentro es que el Atleti empezó perdiendo en el 5 y empató en el 61. También es indiscutible que el Apoel marcó pronto y cedió el empate en la segunda mitad, pero poco más puede considerarse verdad en un partido tan básico y tan malo, por qué no decirlo. Si aquí ofreciéramos un análisis del conjunto rojiblanco, debería responder a su pobreza, a la simpleza que ofrece en cada gesto. Podríamos detenernos en cada jugador, pero no sería honesto, pues respondería a la tarea de buscar los defectos a quienes más lo merecen.
Si a los atléticos les hubiesen dicho, a finales de agosto, que cuando su equipo visitara Chipre para medirse a la cenicienta del grupo iba a estar ya eliminado, probablemente ni hubiesen visto el sorteo. Claro que el debilucho Apoel Nicosia estrenó esta edición sacando un empate sin goles en el Vicente Calderón (su único punto hasta el momento), en un partido que sirvió de preludio a la actual situación rojiblanca. No pedirán ahora que los hinchas colchoneros sufran por un encuentro que, como mucho, puede auparles a seguir un camino menor por el que filtrar nuevas esperanzas. Qué contradicciones. ¿Acaso sería la European League un premio? Económico, puede. Pero de ninguna otra naturaleza, pues estoy convencido de que este equipo necesita centrarse ya —a estas bajuras— únicamente en la Liga.




