El Betis se olvida un rato de su realidad

Anda el beticicismo con la mosca detrás de la oreja, con el permanente cabreo hacia una directiva a la que no hay partido en el que no la exijan que se largue. Es Manuel Ruiz de Lopera el blanco de todas las críticas, el hombre que ya cansa a la afición cuando se le vincula con el Real Betis. Pero ahí sigue, haciendo oídos sordos a la muchedumbre y perpetuado a un club que aunque ya no preside sigue siendo suyo.
Si el beticismo no aguanta ni una más de su máximo accionista, es normal que al menos, sobre el terreno de juego, las cosas rueden. El Betis de esta temporada está obligado a ascender. Obligado, sí. Porque cuando descendió partía con una plantilla preparada para cualquier cosa menos para bajar. Y porque muchos de los mimbres que el curso pasado formaban parte del desastre no han dejado en la estacada al club andaluz, aunque cabe adivinar si por involucración con la entidad o por carencia de ofertas…
Si hay una afición desencantada, esa es la del Real Betis. Vaya tiempos corren por Sevilla, con qué suerte tan distinta para los dos representantes de la ciudad. Ya lo dijo Joaquín Caparrós: al beticismo, además de soportar el mal estado en que se encuentra su equipo, le pesa el hecho de cargar con la condena que supone vivir los éxitos de su eterno rival. En parte, no le falta razón al utrerano. Lo que ocurre es que Caparrós, como sevillista, iba con la intención de hurgar en la herida, seguro. Por desgracia para los aficionados béticos, esta es la realidad; y lo peor es que la entidad no levanta cabeza. Cuantos salieron a la calle para pedir la marcha de Manuel Ruiz de Lopera sienten que perdieron una batalla importante. Mientras, el máximo accionista continúa a lo suyo, ente pleitos. 






Trece puntos de quince posibles. Esos son los números con los cuales el Espanyol ha obrado el milagro. Lo venimos diciendo. Hasta la llegada de Mauricio Pochettino el cuadro perico era carne de Segunda. Pero con el argentino, tras los primeros tropiezos y la conjura de hace unas semanas, el Espanyol ocupa a fecha de hoy la decimosexta posición de la tabla o lo que es lo mismo: ha salido de la zona de descenso después de cuatros eternos meses. Y ello sellado a gracias a la fe y la esperanza. De nuevo, este imprescindible adjetivo abstracto, volvió a relucir ante el Betis (2-0).

