
Desde luego aún no se han producido, aunque desde muchos medios de diversa procedencia y contraria latitud se da por hecho que el Barcelona reforzará su ya temible plantilla con los fichajes de los internacionales David Villa y Cesc Fàbregas. El verano se acerca y con él la reestructuración de los equipos en forma de fichajes. Como la presidencia de Joan Laporta se termina, el todavía máximo dirigente del club quiere irse por la puerta grande, con la contratación de dos estrellas que garanticen la máxima capacidad del equipo para la temporada que viene y ya puestos, para impedir que otros candidatos como Sandro Rosell pueda presentarlos como aportación de ellos.
Por todo esto, parece que al menos lo de David Villa está casi hecho, podría cerrarse esta misma semana y, desde luego, antes del comienzo del Mundial. El siguiente podría ser Cesc. No solemos comentar en NdF fichajes hasta que no están “en el horno”, pero me parece interesante iniciar un debate sobre la hipotética llegada al Barça de estos cracks.





La concepción romántica del fútbol implica, por definición, el rechazo de las nuevas tecnologías, de su aplicación práctica. Es decir, no se concibe que una máquina ayude al hombre a decidir. Lo romántico cobra vida con la polémica, la duda, la discordia, y, por tanto, la injusticia permanece como un fenómeno natural. No quiero decir que la introducción de la tecnología sea la panacea de este deporte; no vendría —ni mucho menos— a curar todos sus males. Pero es un recurso que reduciría considerablemente el número de errores arbitrales.
Leo hoy en varios lugares que un equipo aficionado de Francia, el Quevilly, 


