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Se podrá hablar de que el fútbol es algo más que resultadismo. Se podrá entrar en el debate de que la forma importa tanto o más que el fondo. Pero lo cierto es que al final son los resultados los que mandan, son los marcadores los que dictan sentencia, los que encumbran o decapitan a entrenadores y futbolistas. Es así por mucho que todos queramos ver a nuestro equipo jugando de maravilla. Al término de los 90 minutos lo único que nos interesa es que haya sumado tres puntos. Digo todo esto en referencia al Deportivo de Miguel Ángel Lotina. Es un equipo el gallego, que combina juventud con veteranía, que no destaca quizás por sus nombres, que no hace fútbol de calidad. Pero en cambio, día a día asimila los conceptos de su nuevo entrenador, es un equipo ordenado, que sabe lo que se hace, que renuncia al ataque en favor del trabajo defensivo, que sale a la contra de memoria y que esta tarde le ha ganado a domicilio a un Sevilla que comenzaba a remontar el vuelo después de apabullar con un excepcional Kanouté al Slavia de Praga.
No se confunda el lector, no piense que el que escribe está equivocado de partido o se ha excedido con las cursivas, simplemente las utilizo como elemento diferenciador entre el hoy y el ayer. El primer párrafo reproduce el comienzo de un post sobre un Sevilla-Deportivo de hace aproximadamente dos años… Ahora estamos en 2009 y la victoria coruñesa se ha producido en Riazor, pero en esencia nada ha cambiado de aquella ocasión a ésta. Miguel Ángel Lotina sigue siendo Miguel Ángel Lotina, por eso la foto en ambas notas es la misma, un currante del fútbol con ideas claras, disciplinadas y siempre explícitas, un hombre que cree en lo que hace y que logra resultados siguiendo su libro de estilo, pese a que algunos románticos sin lira pretendan desprestigiarle.
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