
Aquí dentro de unas horas, algunos de los mejores futbolistas del mundo, y los dos mejores equipos del mundo se prepararán para la gran final.
Por ahí estarán preparándose para el partido de sus vidas, y el partido de toda una generación de sus compatriotas. Nos podemos imaginar a Gatusso, pegando y metiendo en tensión a todos sus compañeros. A Zidane hablando con unos y con otros. A Cannavaro o a Vieira gritando. A Lippi o a Domenech pintando en las pizarras la táctica definitiva. Y sobre todo una tensión que se podría cortar con un cuchillo.

Ya hablamos aquí de lo que tenía previsto montar Adidas cerca del Reichstag en Berlín: un miniestadio para ver los partidos en pantalla gigante y actuaciones musicales.
Con la derrota alemana de ayer algo ha cambiado en este país. A partir de hoy, se vea como algunos de los miedos de la FIFA estaban justificados. Y es que para que el ambiente fuese bueno, era necesario que la selección alemana pusiese de su parte y además llegase lejos. No se puede tener ninguna duda que los alemanes han rendido por encima de sus posibilidades. Pero al día siguiente de la derrota parece que el mundial hubiese acabado ya.


