Adiós a Nakamura, con más pena que gloria

Shunsuke Nakamura llegó como una estrella. Su fichaje despertó una ilusión desmesurada como quedó demostrado en su presentación en el estadio Cornellá-El Prat ante casi 8.000 espectadores. Buenas noticias para todas las partes. Sobre todo para una afición que recibía con los brazos abiertos a un jugador de sobra conocido por todos por su buen hacer en el Celtic de Glasgow, donde demostró durante cuatro temporadas su clase. Pero también para una directiva que se frotaba las manos ante el poderío mediático del nipón, asegurándose en el fichaje un porcentaje de sus ingresos publicitarios, un contrato televisivo con una cadena asiática e incluso la posibilidad de realizar una gira por Japón durante la primera semana de agosto. Espléndido para unas arcas necesitadas.
Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba. Los problemas de Nakamura para integrarse al equipo han sido evidentes, potenciados por la diferencia de culturas y la ausencia de su familia, que prefirió regresar a Japón. Nunca admitió que fuera necesaria la ayuda del club cuando este le tendió la mano. Ni siquiera aceptó un profesor de castellano. Todos sus compañeros señalan su profesionalidad y educación, sin embargo sí que indican lo reservado de su carácter, su falta de comunicación con el grupo. Quizás por ello nunca ha conseguido entrar con asiduidad en el once de Pochettino, y cuando lo ha hecho nunca se le ha visto cómodo sobre el terreno de juego, sino más bien perdido, deambulante.


Esta noche, a partir de las nueve, pocos hablarán de lo que haya sucedido en el resto de la jornada. Está claro que el
Sin rencor, con una ovación, con un alarde de olvido o simplemente de apoyo hacia el eterno 23 blanquiazul. Así recibió Cornellà-El Prat a Raúl Tamudo el día de su regreso a un campo de futbol después del toma y daca que mantuvo no hace mucho con el club y que le valió para ser excluido de las últimas cuatro convocatorias de Pochettino. El argentino lo incluyó en la lista para el choque ante el Getafe, en el que el Espanyol debía remontar un 2-0 en contra si quería pasar a octavos de la Copa del Rey. Sin embargo, no bastó la presencia del veterano ariete para dar la vuelta a la eliminatoria. Pese a sus ganas e involucración, los pericos sólo empataron a uno ante el cuadro de Míchel, que además se pusieron por delante gracias al tanto de Soldado. Iván Alonso empató antes del camino a los vestuarios, pero en la reanudación el marcador ya no se movió y en la siguiente ronda estarán los azulones.






