
Eran dos citas vitales, por lo que acarrea en los jugadores los partidos internacionales, los largos viajes y el desgaste mental para muchos. Guardiola optó por reservar a Messi, Alves y Henry de inicio ante el Getafe. Pellegrini, su homólogo en el Real Madrid, sentó a Cristiano Ronaldo y Lass. Aún y así, y como bien destacó Míchel en la rueda de prensa en el Coliseo Alfonso Pérez (“hay una diferencia abismal entre el Barça, el Madrid y el resto”), blancos y azulgrana resolvieron su primer partido a domicilio sin excesivos problemas.
El Barça en Getafe tuvo que esperar a la segunda parte y a la entrada de Messi e Iniesta para llevarse los tres puntos ante un muy buen equipo, comandado por un excelente Celestini, con un Pedro León que ensanchaba el juego de los azulones por ambas bandas, y con los contínuos avisos de Soldado, que estrelló un balón en el palo. Sobre todo a raíz de la salida del argentino, el Barça jugó con otro ritmo, un par de marchas más. Ibrahimovic, a pesar de no aparecer en el partido en demasía, cumplió marcando su segundo gol en su segundo partido oficial con el Barça, con lo que comienza a justificar su fichaje y su coste.





Trece puntos de quince posibles. Esos son los números con los cuales el Espanyol ha obrado el milagro. Lo venimos diciendo. Hasta la llegada de Mauricio Pochettino el cuadro perico era carne de Segunda. Pero con el argentino, tras los primeros tropiezos y la conjura de hace unas semanas, el Espanyol ocupa a fecha de hoy la decimosexta posición de la tabla o lo que es lo mismo: ha salido de la zona de descenso después de cuatros eternos meses. Y ello sellado a gracias a la fe y la esperanza. De nuevo, este imprescindible adjetivo abstracto, volvió a relucir ante el Betis (2-0).




