La moral de la afición colchonera estaba por las nubes, hasta que el pasado sábado el FC Barcelona le endosó un inapelable 5-0 que puso a muchos los pies en el suelo. Pero el Atlético de Madrid debería ser consciente de que su lucha no es el Barça, inalcanzable hoy en día no sólo para ellos, sino para la mayoría de los equipos. Su lucha es por mantener una línea de juego de la que han presumido en este arranque de temporada a orillas del Manzanares, y que tan buena acogida ha tenido. Por eso, el partido de ayer jueves ante el Rennes de Europa League es otro pequeño gran palo para el aficionado rojiblanco, casi tan grande como el del Camp Nou.
Porque ante un rival inferior como los franceses, el Atlético de Madrid volvió a dar esa imagen apática y volátil a la que nos ha tenido acostumbrados tantas temporadas. La de ese equipo sin rumbo, sin un patrón de juego, sin motivación. Y eso que Gregorio Manzano puso sobre el terreno de juego su once de gala prácticamente, pero en ningún momento alcanzaron ese nivel que nos maravilló en el arranque liguero.











