Al Dépor le cuesta ganar aun con todo de cara

Si hay un partido que todo equipo está obligado a ganar es aquel en el que recibe al colista en su estadio. Y si en el minuto 7 gana 2-0 es inevitable pensar en la goleada, tanto para los que van ganando como para los que van perdiendo y, sobre todo, para la afición local. En este sentido, el partido de ayer en Riazor resultó de los más frustrante para los más fieles seareiros del Deportivo.
El penalti está fuera de toda duda. Cierto es que el agarrón no es muy agresivo pero si lo haces a un metro del árbitro sobre el tipo que acaba rematando, es penalti, si no por tramposo, sí por pardillo. Guardado tomó la responsabilidad como hizo en la victoria in extremis contra el Atlético (minuto 96) y no falló. Sólo cuatro minutos después un mal pase de Laure, al que hay que agradecerle el esfuerzo pero está claro que el lateral izquierdo no es su sitio ni lo será nunca, acabó en asistencia por culpa del error garrafal de Leandro, habilitando a Riki para plantarse solo ante Renan, al que batió por alto como mandan los cánones.


Es tan caprichoso el fútbol que el patatal del colista ha podido ser la tumba en Liga del Real Madrid. El Xerez es, de los últimos ascendidos de la categoría de plata que ocupan desde las primeras jornadas el farolillo rojo, de los peores. Sin querer ofender a nadie (que me disculpen los xerecistas), si suficiente es tener en Primera División un equipo que se dedica a regalar puntos como si fueran repartidores de publicidad en la boca del metro; el colmo de los colmos es ofrecer como terreno de juego un auténtico patatal, el de un equipo de la que quiere ser considerada mejor liga del mundo.






