
A sus 26 años su carrera deambula al borde del fracaso. Aún sigue teniéndolo todo para resurgir, pero cada día que pasa se aleja más de lo que significa ser futbolista. Cristhian Fabbiani es un pedazo de jugador. A mí siempre me ha encantado este delantero tanque, repleto de recursos y calidad, apodado como el Ogro, insultado en todos los campos de argentina por su complexión, siempre con tendencia hacia la carnosidad, pero temido por su excepcionales cualidades que, sin embargo, jamás cultivó fuera de los terrenos de juego.
Es triste que Fabbiani después de 26 años de existencia sea más conocido por sus relaciones sentimentales e incidentes en las discotecas que por su fútbol. El Ogro, que es uno de los mejores delanteros que hay en la Argentina jugando como ariete, con aire a Kiko, no tiene ficha. Nadie lo quiere. River se cansó de él y Lanús, el equipo donde triunfó y se hizo futbolista, le deja entrenar en su cancha pero no lo incorpora a su disciplina. Muy triste.


Hace cosa de un mes se confirmó lo que muchos presagiaban: 



