Tribuna Champions: Honda, el que no quería tirar
El fútbol tiene estas cosas: cuando uno acierta, no caben elogios para ensalzarlo, para auparle en el pódium de los héroes, ese tan frágil de desmoronarse como lo que tarda en llegar una actuación desafortunada. Andrés Palop vivió anoche la segunda parte del cuento: la amarga, la triste, la también difícil de olvidar. Acostumbrados los sevillistas a sus manoplas casi insuperables, a sus intervenciones salvadoras, lo de ayer fue como recibir un jarro de agua fría en medio del polo norte. Con una atmósfera europea, con tanto en juego, con tantas y tantas almas esperando el triunfo de su equipo, un extraño en el disparo de un tal Honda amargó la noche al Sevilla y especialmente a su portero, que sufrió un big bang en su habitual seguridad bajo palos y fue, probablemente, quien más responsable se sintió de la eliminación hispalense de la Champions League.
Si en Sevilla todos los ojos miraban, la noche del martes, a Palop, en el otro lado, en el del ganador, las flores no eran para otro que para el tal Honda. Keisuke es su nombre de pila. Y de igual forma pero al contrario que el arquero español, hoy es portada de gran parte de los periódicos de su país. De sus botas nació el tanto que certificó el pase a los cuartos de final del CSKA. De sus botas llegaron las ocasiones más claras de su equipo, el desequilibrio en ataque ruso lo puso este japonés de 23 años que sin querer se coló en los sueños de Palop. O mejor dicho, en las pesadillas.

Nervión volvió a quedarse frío, como el hielo ruso esta vez. Hace dos años, el Fenerbahce turco apeó al Sevilla de la Champions tras derrotarlo en los penaltis. Fue en octavos, igual que el duelo ante el
Cuando tiene lugar algún acontecimiento deportivo importante referente a nuestro país, me gusta darme una vuelta por las webs de los periódicos de todo el mundo. Con la 


