Llegaba el Real Madrid por quinta vez en su historia a Gerland, con el objetivo de romper las estadísticas y vencer por primera vez en un campo maldito para el conjunto blanco, ante un rival que hasta hace bien poco era considerado su bestia negra. Pero no sólo queda lejos aquel Lyon liderado por Juninho Pernambucano, sino también ese Madrid endeble al que se le apagaban las luces al llegar a octavos de final. Con su victoria la pasada noche por 0-2, con doblete de Cristiano Ronaldo, el Madrid no sólo se ha sacado una espina; también ha dejado patente, por si quedaba alguna duda, que vuelve a ser uno de los equipos punteros de Europa.
El partido siguió la tónica habitual de las últimas actuaciones madridistas: una muy buena primera parte, y una segunda más relajada. Los de Mourinho pudieron haber sentenciado antes del descanso, pero en esta ocasión la puntería no estaba al nivel habitual. La ráfaga de ocasiones fue desbaratada siempre por un Lloris que, en esta ocasión sí, demostró el porqué es considerado uno de los mejores guardametas de Europa. Sólo cedió ante Cristiano, primero en un potente disparo de falta, y ya en la segunda parte en un lanzamiento de penalti.

Una mala noche la tiene cualquiera, y es tal vez así cómo se puede explicar la injustificable actuación que tuvo Wayne Rooney hace trece días, cuando en un alarde de locura soltó su pierna de forma violenta sobre Miodrag Dzudovic, jugador de la selección de Montenegro que minutos antes había imposibilitado una maniobra del ariete inglés. Su acción fue castigada rápidamente por el árbitro, que le mostró el camino a los vestuarios. Inglaterra terminó empatando, sellando su clasificación matemática para la próxima Eurocopa, pero lastrada por la imagen ofrecida por su estrella.


