Corría el verano de 2005 cuando la carrera de Albert Luque tocaba prácticamente el cielo con los dedos. Por entonces, su excelente rendimiento en el Deportivo de La Coruña llamó la atención de muchos clubes europeos de alto nivel. Su presencia en la Selección española de entonces también era asidua y una tentadora oferta del Newcastle obnubiló el paisaje del futbolista catalán, que dijo sí a tres millones de euros anuales más incentivos, una casa, dos coches y un intérprete. Sin embargo, su carrera, en lugar de avanzar, retrocedió… hasta la actualidad.
Nacido en Terrassa el 11 de marzo de 1978, Luque se formó en las categorías inferiores del Barcelona, en las que permaneció seis temporadas. En su segundo año como juvenil blaugrana el club le abrió las puertas ya que no contaba con sus servicios. Tras jugar seis meses en la Fundación Ferran Martorell, el Mallorca, acertadamente, le echó el ojo. En el filial bermellón, al que llegó en 1997, dio muestra de su clase y olfato goleador. Así, alternó el primer y el segundo equipo gracias al argentino Héctor Cúper. La presencia de otro gran futbolista en auge en aquellos tiempos como Diego Tristán suponía una barrera para el egarense, que aceptó de buen grado una cesión, la campaña siguiente, al Málaga.







