
Está claro que serán dos semifinales totalmente diferentes. En el Ono Estadi, el Mallorca buscará rozar casi un milagro ante el Barcelona. Aunque a pesar de la crisis por la que cruzan, los catalanes gozan de cierta ventaja y no están dispuestos a tirar la Copa. La esperanza bermellona, no obstante, sigue intacta. Por otro lado, en San Mamés se vivirá una auténtica fiesta. O de llantos o de gritos de alegría, según sea el resultado. Pero Bilbao está vestida con sus mejores galas, tal como si hoy se acogiera una auténtica final de Copa. Que se abra paso al espectáculo y la pasión.
El Athletic-Sevilla se prevee que puede ser un partido bestial. Quizás no por fútbol, pero sí por emoción. Los leones deben combatir contra el campeón copero de 2007, un Sevilla que ya les venció en el primer round, y contra el paso de los años. Suena lejano su último triunfo en la Copa del Rey (1984), a pesar del surtido de títulos que ostenta en su palmarés (23). Y Bilbao se ve tan cerca de una nueva final, que no juegan desde 1985, que va a saborear y a aprovechar hasta el último suspiro de esta semifinal. San Mamés será un escenario repleto de ojos de esperanza, que oscultarán con detalle todo lo que ocurra sobre el terreno de juego. Por sus gargantas, el grito de ¡Athletic, Athletic! resonará tan fuerte como si fueran sus últimas palabras. Si a ello le sumas el desplazamiento de la afición sevillista y su forma de animar, la Catedral, más que un estadio de fútbol, tendrá pinta de un gran teatro donde se representará el cierre de una de las mejores obras del momento.



Una temporada más, y ya van dos consecutivas, el Real Mallorca se encomendó a Gregorio Manzano para seguir subiendo peldaños en su particular escalada. Llueva o nieve, haga sol o truene, si alguien parece tener una plaza fija en el conjunto bermellón es su técnico, que siempre ha dado lo mejor de sí en tierras baleares. Y es que el
El diario Marca adelanta hoy que se ha hecho efectivo el traspaso de Dani Güiza al Fenerbahçe turco por 17 millones de euros. Luís Aragonés dispondrá por tanto de un compañero de viaje en esta nueva aventura con aroma a kebab y repleta de tintes surrealistas. Parece que el salario que Güiza percibirá en el Fenerbahçe, en torno a los tres millones de euros anuales era una oportunidad que un jugador de 28 años y curtido en equipo modestos no podía dejar pasar.

