En Noruega a veces pasan cosas. La Tippeligaen, como se denomina el campeonato doméstico del país escandinavo, vivió este fin de semana una de esas imágenes que siempre llaman la atención. En juego, el Lillestrom-Brann, dos conjuntos de la zona baja en la clasificación que pelean por eludir el descenso. Con 2-3 en el marcador, Erik Mjelde, jugador visitante, se dispone a devolver un balón que el Lillestrom había lanzado fuera por la lesión de un jugador rival. Tal es su mala suerte que el disparo acaba sorprendiendo al portero local, Magnusson, que acaba encajando el 2-4. El autor del inesperado golazo (desde casi 60 metros), que probablemente no lo hubiese logrado si lo hace adrede, habla con sus compañeros y llegan a un acuerdo: dejar que el contrincante marque. Saca de centro y el encargado de volver a situar el marcador como estaba es Sigurdarsson. Todos se apartan, le dejan vía libre para que marque… menos Leciejewski, el guardameta, que no muy convencido con la decisión de sus compañeros le pone las cosas complicadas al joven delantero noruego, que se ve obligado a driblarlo y anotar un 3-4 que a la postre, y para suerte del dudoso juego limpio del portero del Brann, sería definitivo.
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Vía | Bar Deportes








