Raúl Agné es un desconocido para la mayoría de nosotros; imagino que también para los aficionados del Recreativo de Huelva. Pero a partir de ahora habrán de familiarizarse con su nombre porque es el nuevo técnico del Decano. Sonaban hombres como Marcelino y Víctor Espárrago —muy queridos en Huelva— e incluso Chaparro, pero el club ha apostado de nuevo por un técnico joven que aún tiene que formarse un nombre. Agné ascendió al Gerona a Segunda, pero al final de la pasada campaña fue destituido. Ahora llega a un equipo que partía la temporada con un objetivo claro, el ascenso, pero cuyos malos resultados han obligado a la directiva a cesar a Javi López, a petición popular.
Cualquier cambio genera nuevas sensaciones. En Huelva querrán pensar que Agné se asemeja al perfil de Marcelino, un entrenador joven con hambre de éxitos, pero seguro que surgen dudas alrededor de su figura. Ni Agné tiene por qué ser como el técnico cacereño, ni su juventud y sus ganas garantizan la victoria. Como ejemplo el recién cesado. Seguramente, los aficionados recreativistas se contenten con ver un giro de pensamiento, pues la idea de Javi López desentonaba ya demasiado con la grada. Al principio será suficiente, tal vez, que Agné apueste por dos puntas o deje a Barrales en el banquillo para que las ilusiones se disparen. Pero habrá que conocer de cerca la apuesta del nuevo míster para comenzar a juzgar su labor.

¡Javi, vete ya! era el grito unánime de todo el estadio. Y eso que en el Colombino esperaban una buena tarde del Recre, pero la grada acabó pidiendo la destitución de Javi López después de un pésimo partido por parte del conjunto albiazul, que perdió 0-2 con el Salamanca. Partido nefasto en todos los sentidos. Empezando por el planteamiento del técnico, que se empeña en colocar a Barrales en punta aun teniendo en el banquillo a Colunga, Fornaroli y Pablo Sánchez, y, por tanto, privando a su equipo de la velocidad en ataque. Debe ser cierto eso de que no es fácil ser entrenador, pues para ello debe aprender uno a complicarse la vida.
Es propio que un aficionado acuda al estadio para ver ganar a su equipo. No lo es tanto que cuando acude al estadio y su equipo gana dos a cero, se marche acordándose de lo mal que ha jugado. Y como el fútbol no es lógico, el Recre llegaba al duelo con el Huesca tras perder dos partidos en los que hizo un fútbol de altura, y en éste, que el buen juego le fue esquivo, el fútbol se mostró de su lado para recompensarle. Para compensar. Todo habla en favor de la afición del Recre, una grada exigente al máximo con sus jugadores, pero justa y agradecida como la que más.





