Supongo que la resaca post-victoria mundialista tiene algo que ver, pero no acabo de entender, a estas horas, cómo la FIFA ha elegido como mejor jugador del campeonato a Diego Forlán y no a ninguno de los 22 futbolistas que estuvieron sobre el tapete del Soccer City en la gran final del Mundial de Sudáfrica y que también podrían haber sido escogidos (Xavi, Villa, Iniesta, Sneijder…).
No es mi intención desmerecer la calidad del charrúa, que ha cuajado un campeonato de auténtico lujo, firmando cinco tantos y llevando en volandas a una Uruguay que tras muchas decepciones ha terminado entre las cuatro mejores selecciones del mundo. Sin embargo, entiendo mejor que se lo hubieran entregado a cualquiera de los muchos futbolistas que, llegando a la gran final, se lo merecían.
Hablo, cómo no, de Iniesta, autor del tanto y primoroso en el tramo final del Mundial, de Xavi, la brújula que dirige la Roja, o Villa, autor de los mismos tantos que Forlán y que, además, ha conseguido llevarse el trofeo de campeón. Leo que en la elección del uruguayo también puede influir su gran tramo final de campaña, en la que ganó la Europa League con el Atlético, argumento que, si se ha de tener en cuenta lo sucedido en el Mundial, poco o nada tiene que intervenir para la decisión final.



Me imagino a Diego López en el sillón de su casa. Pensando que él podría tener esa medalla que cuelga en el cuello de Víctor Valdés o como hace Iker Casillas, acariciar con mimo esa Copa del Mundo que, por hache o be, ha tenido que ver desde su casa. Es el regusto amargo de algunos que no pudieron estar en Sudáfrica pero que allanaron el camino hacia el país africano. El sabor amargo de quien se vio ahí y se encontró, al final, en otro sitio.
Después de conocer quiénes han sido los futbolistas 




