
Quemará, y mucho, la llave que puede abrir al conjunto del Villarreal los cuartos de final de la Liga de Campeones. El Panathinaikos se llevó un empate a uno del choque en El Madrigal y el Oaka será un auténtico infierno donde 66.000 almas se dejarán las cuerdas vocales con el fin de ver a su equipo, la máquina verde, en la siguiente fase. Los de Manuel Pellegrini están obligados a marcar si quieren seguir vivos en el sueño europeo.
La eliminatoria es complicada. El submarino amarillo pudo perfectamente solucionar el pase en el partido de ida, pero aquella noche la pólvora de los delanteros perdió su explosividad, y tan solo de penalti Rossi pudo peforar la meta de Galinovic. Confiado el técnico chileno de que esto no va a volver a ocurrir, el Villarreal podría presentar el mismo once que en la ida.










