Corría el minuto 84 y el resultado no podía ser más extraordinario: el equipo pequeño, el Mirandés, lo había vuelto a hacer: complejos fuera y a ganar al grande. Éste, que no era otro que el Espanyol, veía como muchos de sus aficionados enfilaban el camino hacia el coche, desesperanzados tras el segundo tanto de un rival de inferior categoría que había asaltado Cornellá, rumbo a sus respectivos hogares.
Mientras esa gente se marchaba maldiciendo a su equipo, incapaz de poderle hacerle un roto a un modesto de Segunda B, los pupilos de Mauricio Pochettino reaccionaron. Fue tremendo. Los blanquiazules le dieron la vuelta a un partido que se les había puesto muy cuesta arriba debido a los inesperados goles Alain Arroyo en el primer acto y de Pablo Infante (a su gol habría que añadirle el sufijo ‘-azo’) en el segundo.
El Mirandés había salido a por todo, más o menos con la misma desfachatez que en anteriores eliminatorias. Pidieron dos penaltis, uno de ellos clarísimo a Infante, que pasaron al olvido cuando el resultado empezó a acompañar. En el Espanyol todo eran dudas. Y éstas se acrecentaron cuando su goleador más en forma, Álvaro Vázquez, tuvo que marcharse en camilla por culpa de una lesión con muy mala pinta.
La hazaña parecía estar a segundos de completarse. La enésima hazaña, mejor dicho. A ella habían colaborado los seguidores desplazados al estadio perico, que se dejaron la garganta por sus futbolistas. Y la sutil vaselina de Infante ante Kiko Casilla ante un error imperdonable de Amat. Todo parecía, pues, visto para sentencia. Pero el desgaste físico empezó a hacer mella en el Mirandés. Demasiado.
Los de Carlos Pouso se encontraron con una contra mortal en la que Weiss, en línea, le ganó la espalda a la zaga burgalesa. En el mano a mano con Nauzet se marchó y definió. 1-2. Dos minutos después a Romaric, todo fuerza bruta, se marchó por la izquierda y sirvió en bandeja a Rui Fonte. 2-2. Jarro de agua fría y estado de shock para los visitantes, que vieron como otro fallo atrás les condenaba. Verdú no falló.
Cuatro minutos que lo cambiaron todo. El Espanyol, como ante el Córdoba, lo dejó para el final. El Mirandés volvió a agigantarse, con un Infante tan soberbio durante el duelo como mosqueado tras él. Un resultado que firmaba antes de empezar, inimaginable en las postrimerías. En la Copa, ha quedado demostrado, nada está dicho hasta que el árbitro pita. En siete días, el desenlace a esta apasionante eliminatoria, en el Municipal de Anduva.
En NdF | CD Mirandés: la magia de la Copa del Rey
Foto | Marca



Comentarios
con este resultado, yo apuesto por la clasificación del Mirandes para la siguiente fase de la Copa, un 3-2 fuera de casa es un resultado muy pero que muy bueno a priori, mejor hubiese sido el 0-2, pero de lo malo se lleban lo menos
Aupa Mirandes y el futbol en estado puro!!!
Pues yo tengo la sensacion de que hoy le han robado una mas que merecida victoria al Mirandes, y no me parece eso nada honorable para la copa. Hacer honor a la Copa es salir a rueda de prensa y no poner el grito en el cielo por la mas que lamentable actuacion de Mateu Lahoz. Morderse la lengua despues de haber estado tan cerca de ganar a un primera en su campo es de ser un autentico crack, y asi lo ha hecho Carlos Pouso, y de el deberiamos aprender todos un poco.
-- editado por última vez a las 00:40
Fue un partido memorable y estoy seguro de que los aficionados pericos que se fueron a casa tras el golazo de Pablo Infante deben de estar mordiéndose los nudillos :)
¿Que el arbitraje podía haber sido mejor? De acuerdo, el juego también podría haberlo sido... pero si en algo fue inmejorable este partido fue en la emoción de ver a un Segunda B ganarle al Español con ese descaro y en el arrebato de orgullo de los catalanes que les llevó a dar por fin la vuelta al marcador en un abrir y cerrar de ojos.
Esto es lo que yo entiendo como un partidazo.
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