El cruce entre el Valencia CF y el Sevilla FC destacó en el sorteo de los octavos de final de la Copa del Rey como la eliminatoria más atractiva de la ronda que termina hoy con el Athletic-Albacete y Osasuna-Barça. Un choque que se presentaba muy igualado, con cierta ventaja para el Valencia, mejor colocado en la tabla liguera y, sobre todo, un equipo más trabajado que su oponente. Cada año Emery ha de recomenzar la tarea de equilibrar un equipo al que siempre le quitan sus mejores piezas: ya está tercero y ha hecho un pael digno en Champions antes de caer a la Europa League. Del otro lado, Marcelino está teniendo más que problemas para desarrollar su idea de juego, incapaz de dotarle a su equipo recorrido y armonía.
En el partido de ida un solitario gol de Jonas le dio ventaja al equipo che, otorgándole la posibilidad de dejar herido de muerte a su rival si era capaz de marcarle un gol a domicilio. Las declaraciones de Marcelino en la víspera, poniendo el foco en los jugadores, pareció funcionar como elemento motivador, pues el once hispalense salió a comerse al Valencia desde el primer minuto. La alineación invitaba a ello: en el césped se juntaron Trochowsky, Reyes, Navas, Del Moral y Negredo.
El Valencia, cerradito atrás, timorato, dispuesto a defender su tesoro como el más avaro, sobrevivió a las embestidas sevillistas gracias a la inspiración de su portero, Diego Alves, que sacó hasta tres ocasiones: dos disparos de Navas y un mano a mano con Negredo. El delantero del Sevilla, necesitado de goles/titulares para contrarrestar el peso que ha adquirido Soldado como candidato al Nueve de La Roja, lo intentó de todas las maneras y casi encuentra el gol de rebote, con un centro que tras rebotar en Rami se fue al palo.
Antes de llegar al descanso el Valencia despertó, adelantó unos pasos sus líneas en consonancia al avance de posición de Banega y primero Soldado y después Jonás pusieron a prueba a Javi Varas. En el segundo tiempo al Sevilla pareció que se le había metido el miedo en el cuerpo tras las últimas ocasiones levantinas y su arranque distó mucho que el de la primera mitad. Por consiguiente, el Valencia jugó más cómodo y el paso de los minutos, como es lógico, le sentó mejor que a su contrario.
Mediado el segundo asalto, fue Soldado el que se llevó el ave a la cazuela. Levitando por la zona adecuada entre los dos centrales locales, encontró el momento justo para arrancar al pase al hueco de Jonás y dejó prácticamente finiquitada la eliminatoria con una definición de escuela. El Sevilla logró la igualada sólo un par de minutos después, cuando Trochowsky cazó el rechace a una cantada de Alves a tiro de Cáceres, pero para entonces el reto ya era mucho mayor: necesitaban dos tantos más. Para ello salió Kanouté, última bala en la recámara de Marcelino, pero el problema del Sevilla no está en la punta de ataque, sino en la creación.
Los de Emery no se resquebrajaron y aguantaron de pie el empuje desesperado del Sevilla. Los andaluces no fueron capaces de subirse a la ola y su empuje no fue suficiente para resquebrajar la muralla che. Virtudes de la Copa, el tanto en propia puerta de Víctor Ruiz en el tiempo de descuento le dio un toque dramático al último suspiro. Y hasta estuvo el Sevilla a punto de darle la vuelta a todo con una última ocasión de Kanouté. Finalmente, habrá duelo valenciano en cuartos con un Valencia-Levante.



Comentarios
Bruno, soy el de Barberá-Catwoman (o Barbwoman). La P del teclado te va chunguela, que en el artículo del Español tienes un "apra" y aquí un "pael" por "papel", limpia ese teclado
Grandes artículos por otra parte. Borra el comentario si quieres.
Otra vez Soldado... El jugador más importante del Valencia hoy en día.
el que caza el rebote para poner el empate fue Rakitic, no Trochowski
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