
La policía italiana ha impuesto a dos aficionados de la SS Lazio un castigo de cinco años sin poder acceder a un campo de fútbol tras los graves incidentes que protagonizaron la semana pasada tras el encuentro que disputó su equipo con el Tottenham Hotspur, perteneciente a la UEFA Europa League.
Según la policía, unos aficionados radicales de la Lazio irrumpieron en un bar de la Piazza Campo de’ Fiori, ataviados con cascos y pasamontañas, y portando bates de béisbol, armas blancas y otras de diversa índole, donde agredieron a un grupo de aficionados spurs, con el consiguiente arrasamiento del local. Uno de los heridos tuvo que ser intervenido quirúrgicamente con carácter urgente después de que una cuchillada le afectase a la vena aorta.
Tras realizar varias detenciones, la policía ha responsabilizado a Francesco Ianari, de 26 años, y Mauro Pinnelli, de 25 años, como los responsables de los actos más graves. A espera del proceso judicial derivado de las denuncias pertinentes, la policía se ha adelantado estableciendo la prohibición de que eses dos energúmenos vuelvan a entrar en un recinto deportivo. Claro que a la hora de agredir a los aficionados spurs a los tifosi radicales no les hizo falta estar dentro del estadio, pero a falta de que la justicia ordinaria les castigue como es debido, la medida tomada no está de más.
En España parece que nos cuesta tomar este tipo de medidas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a un presidente afirmar categóricamente después de unos incidentes que pondrán todos los medios de los que dispongan para identificar a los culpables? Y luego, nada de nada. Al final, nunca se trinca a los responsables.
Y no se hace porque no se quiere. Porque esas cámaras-lámpara que cuelgan de los techos de los estadios que disponen de una visibilidad de 360º pillan todo. Pero todo, todo. La cuestión está en si al club le interesa de verdad. Al de la bengala no le pasa nada, pero en cambio como haya una campaña anti-porro, como hubo en su momento en Riazor, no se libra ni el que lo lleva liado de casa. Igualmente que en cuanto cualquier objeto impacta en un policía o un miembro de la seguridad privada, aunque sea una simple bolita de papel albal, ¡caramba!, en un minuto hay un pedazo de despliegue que ni el Día de las Fuerzas Armadas.
No hay que olvidar que la llave para encerrar a los violentos la tienen los dirigentes de los clubes. El caso es querer de verdad ponerles freno. Ya se sabe que el peso social de los grupos ultras suele ser muy grande, por no hablar de su capacidad para hacer ruido a la hora de quejarse. Gran parte del chantaje está en que perseguir a los violentos suele acarrear perder el apoyo de los que más animan. Y está claro que nadie quiere que su estadio se convierta en algo parecido a un teatro (como ya son algunos), pero ¿a qué precio? Yo lo tengo claro: o se comportan con civismo o que se vayan con sus cánticos a otro lado.


Comentarios
Gran articulo ojala se tomaran medidas como estas en todas partes del mundo, para que se aprendar a disfrutar del deporte favorito de todos en paz.