
Pocos escenarios reflejan tan bien la Guerra Fría como la península de Corea, donde el enfrentamiento entre las dos Coreas, la del Norte comunista y la del Sur capitalista, sigue abierto hoy en día. La península vio como el conflicto se volvía “caliente” con la guerra entre 1950 y 1953, que se resolvió con un alto el fuego y el establecimiento de la frontera en el paralelo 38; sin embargo, nunca se firmó un tratado de paz por lo que el conflicto sigue oficialmente abierto.
En los años 60 la confrontación dejó de banda el enfrentamiento directo bélico para centrarse en un juego de espionaje y contraespionaje, con tramas en ambos bandos para asesinar al líder del enemigo y con grandes esfuerzos gubernamentales de propaganda y de militarización de sus sociedades, siempre alerta sobre un posible retorno a las hostilidades directas. De esta forma, también el fútbol se convirtió en arma de guerra. Por aquel entonces, el presidente de Corea del Sur Park Cheng-hee apoyó el fútbol como herramienta para fomentar el fervor patriótico contra el comunismo y como distracción por el creciente descontento de la población con su gobierno autoritario.
Por eso, cuando en 1966 Corea del Norte logró vencer a Italia por 1-0 en el Mundial de Inglaterra y acceder así a los cuartos de final, los dirigentes de Corea del Sur quedaron muy afectados porque representaba para el vecino del norte una dosis de prestigio internacional de la que ellos carecían.
La horrorizada Agencia Central de Inteligencia de Corea del Sur, conocida internacionalmente como KCIA y tristemente famosa por las continuas torturas a disidentes políticos, seleccionó y reclutó en 1967 a un equipo ‘all-stars’ con los veinte mejores jugadores de Corea del Sur, con la intención no sólo de superar los éxitos de Corea del Norte, sino también convertir al equipo en un referente del fútbol asiático. “El director de la KCIA nos dijo que debíamos estar preparados para luchar contra Corea del Norte. Afirmó que iba a ser una guerra sin pistolas ni bayonetas; que todos los hombres habían nacido para ser patriotas y que nos convertiríamos en patriotas a través del fútbol”, afirma Lee Se-yon, antiguo portero del equipo.
Este grupo de elegidos, que formó la columna vertebral de la selección nacional de Corea del Sur durante los años posteriores, fue apodado Yangji, que significa “tierra iluminada por el sol”, en sintonía con el lema de la KCIA: “Trabajamos en la oscuridad para proteger la tierra iluminada por el sol”. Por su parte el equipo forjó su propio lema: “Vamos a aplastar el estado títere de Corea del Norte”.
Aprovechando que el servicio militar en Corea del Sur duraba tres años, este “grupo de élite” fue entrenado con disciplina espartana, considerando su reclutamiento como un equivalente al servicio militar. Usando los pocos campos de césped que entonces había en Corea del Sur, se sometió a los elegidos a un durísimo entrenamiento diario. A los jugadores se les administraron medicamentos y vitaminas americanas, comían “rancho” del ejército americano y contaban con un sueldo mensual. Además, tenían grandes incentivos si conseguían formar el brillante equipo de fútbol que pretendía la KCIA. En particular, el director de la agencia Kim Hyong-wook recompensaba con grandes banquetes a aquellos que se entrenaban más duro y les prometió una casa a cada uno y todo tipo de atenciones “Mientras ganásemos partidos”, recuerda el defensa Cho Jong-soo.
La agencia seguía con detalle todas las actividades de los jugadores durante las sesiones de entrenamiento pero también durante su tiempo libre: “Una vez el entrenador nos llamó y nos preguntó qué hicimos durante un permiso. Cuando le mentí acerca de si había estado bebiendo, me enseñó un informe en las que estaban registradas todas mis actividades hora por hora…como si fuera una película de 007”, explica Lee Se-yon.
Cuando la agencia se enteró de que los jugadores de Corea del Norte habían sido entrenados en la Unión Soviética y en Yugoslavia, decidieron también enviar a sus pupilos a Europa para entrenar durante 105 días.
Actualmente Corea del Sur es una de las selecciones asiáticas más competitivas, siendo la única que ha conseguido meterse en las semifinales de un Mundial en el 2002, y muchos creen que este éxito sólo se explica por el esfuerzo gubernamental con los Yangji. Actualmente, la mayoría de ese grupo de jugadores ocupan diferentes cargos en el fútbol surcoreano y algunos han destacado fomentando y apoyando gestos en el marco de los esfuerzos de pacificación de la zona y de la voluntad de reunificación. El fútbol se ha usado recientemente para fomentar los lazos de amistad entre las dos Coreas, formando ocasionalmente encuentros de exhibición con jugadores de ambos bandos en el mismo equipo.
Vía | Taipei Times
Vía | Donga.com



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