
Cuando a menudo nos referimos al fútbol o al deporte en general como analgésico, como sedante para olvidar nustros problemas diarios, habría que hacerlo como algo positivo; y es que si el fútbol tiene que ser algo más que deporte, bien está que sirva como distracción que como auténtico reflejo de las convulsiones y la violencia contenida en un país. Y esto último es lo que ha sucedido hoy en la provincia de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo.
Las noticias que han trascendido hoy son terribles: en el derbi local entre el Socozaki y el Nyuki System, un altercado ha derivado en una serie de disturbios y estampidas que se han saldado con trece muertos, gran partes de ellos niños, y 35 heridos. Esta noticia, de por sí triste e indignante, se torna surrealista cuando al parecer el inicio de los enfrentamientos los provocó el portero del Nyuki System que, con su equipo por debajo en el marcador, realizó “brujería” a la porteria rival. Esto provocó el enfrentamiento violento entre los jugadores de ambos equipos y la posterior intervención de la policía, con disparos al aire incluídos, no hizo sino acrecentar el movimiento en las gradas. Los disturbios se hicieron incontrolables dentro y fuera del campo y el resultado ha sido una tragedia.
Uno se sienta a escribir sobre esta noticia con una doble frustración. Una, por lo sucedido en sí que no es poco. Otra, por como toda esta historia de “brujería” y violencia realiza tal retrato dantesco del por sí maltrecho fútbol africano. Conviene no quedarse con la historia de la brujería como clave del asunto ya que, sin ningunear la importancia que estas creencias tienen no sólo en África sino en muchas partes del mundo, la polvora no arde si no se dan las condiciones adecuadas. Y hablamos de un terreno ya acostumbrado a que corra el fuego.
Lo sucedido en el campo refleja la situación que se vive en esta provincia del este de la República Democrática del Congo, una de las regiones más azotadas por los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y el ejército rebelde. Sin ir más lejos, la semana pasada estos enfrentamientos provocaron un masivo desplazamiento de muchos miles de civiles – según las fuentes entre 100.000 y 500.000 – , ilustrando una situación “muy preocupante” según Médicos sin Fronteras. El conflicto, marcado por las divisiones étnicas y el control de las ricas minas de oro y casiterita de la región, parecie renacer repentinamente con un periodo de calma aparente tras cincuenta años de guerras y las primeras elecciones democráticas libres en el 2006. Y es que como suelo decir, los problemas no se solucionan, sólo dejan de ser noticia.
Conocer hoy esta noticia con el marco de un campo de fútbol me ha servido para ir a buscar más información sobre la situación en el Congo. Y es que de la misma forma que el fútbol refleja todo lo bueno y todo lo malo de la condición humana, también debería servirnos a los que amamos este deporte para, a través de él, conocer mejor el mundo que nos rodea, entender las raices de los conflictos y tomar consciencia de ello.



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